Psicóloga, master Universidad de Notre Dame. Estados Unidos, Doctora Universidad de Chile. Trabajo en el CIDE entre 1974 y 1985. Áreas en que trabajó: secretaria, ayudante en proyectos Padre e hijos, coautora proyecto ¡Nos juntamos! ¿y? (pareja sin hijos y pareja con hijos). Trabajo actual: CEDEM, encargada de talleres de desarrollo y crecimiento personal.

Testimonio de Rosa Saavedra D. (64 años)
Gestión: Rosa Saavedra
Fecha: 19 de diciembre 2016

PATRICIO CARIOLA Y EL CIDE:
UNA EXPERIENCIA ETICA VIVENCIAL EN LA RELACIÓN HUMANA.

Conocí al Padre Patricio Cariola, S.J. al ingresar, en el año 1974, a trabajar como parte de un pool de secretarias en el CIDE. Antes de verlo en persona, escuché la descripción que hacía Gabriela Pischedda: “ya verán él parece un príncipe árabe”. Por mi mente cruzó la silueta de un personaje montando un corcel alado. Una especie de figura mítica: -“¿Y no es cura?”, le dije. Ella explotó en una carcajada, dando media vuelta, y diciendo; “¡Pero aún es hombre!” Este episodio me hizo sentir como siendo cómplice de un ¡sacrilegio! Para mí, los sacerdotes eran personajes sagrados y lejanos, aun así, ese comentario generó una sensación distendida, haciéndome perder el miedo al lugar.
Cuando tuve la primera conversación con Patricio, su mirada era inquisidora y sus preguntas iban desde aspectos referidos al trabajo que debía desempeñar, como también a conocimientos generales, niveles de participación en la Iglesia, en la comunidad y también preguntas referidas a mi estirpe. Después de esta conversación/entrevista me deseó suerte en mi trabajo y me instó a pedir ayuda cuando lo necesitara.
Mirado desde la distancia de los años y la vida recorrida, puedo decir que Patricio Cariola, generó en el CIDE no sólo un espacio de investigación y desarrollo de la educación a todo nivel, sino que también su visión del ser humano, su espiritualidad y su compromiso sacerdotal, lo llevó también a generar un espacio de acogida para aquellos afectados durante los tiempos más duros de la dictadura. Tanto en el aspecto laboral, como en la defensa de los derechos humanos. Esto lo pude apreciar especialmente durante los primeros años.
Por ejemplo en el 1974 fue un año en que Patricio recibió en el CIDE a muchas personas que habían sido exoneradas de su trabajo, expulsadas de sus lugares de estudio o cuyas carreras o instituciones académicas habían sido cerradas por efectos de las medidas tomadas por el régimen militar recientemente instalado en el poder. Si no me equivoco, dentro de las personas que llegaron en estas condiciones al CIDE, se encontraba Iván Núñez (Premio Nacional de Educación 2015) y también el Padre Gerardo Whelan, C.S.C., ex rector del Colegio Saint George quien, fue invitado por Patricio a incorporarse a trabajar en el CIDE, después que el colegio fuera intervenido por los militares y los sacerdotes expulsados del lugar.
Resúmenes Analíticos en Educación, (RAE) dirigido por Gonzalo Gutiérrez permitió un espacio de acogida a estos estudiantes o profesionales, convirtiéndose en el proceso en una prestigiosa publicación que daba cuenta de la investigación educacional que se desarrollaba a nivel Latinoamericano. El Proyecto Padres e Hijos (PPH), proyecto desarrollado por Howard Richards, pasó a estar a cargo del Padre Whelan. Hasta ese momento tenía un modelo de trabajo con inserción en la escuela e incentivaba la educación de las madres para que pudieran apoyar a sus hijos/as pre-escolares.
También por esos años se incorporó Isabel Soto, egresada de la Escuela Normal Abelardo Núñez, donde se quemaron todos los antecedentes de los estudiantes, por lo cual ella se encontraba sin respaldo de los estudios realizados. Isabel posteriormente haría la pedagogía, alcanzando el grado de doctor en matemáticas en la Universidad de Lovaina.
En el año 1975, los tiempos convulsionados y opresivos que se vivía en el país, se reflejaron en la vida institucional, cuando fuimos testigos de entradas y salidas muy agitadas desde el CIDE, tanto de Patricio Cariola como de Gerardo Whelan. Por esos días, también la hermana Paula, religiosa norteamericana que trabajaba en el Proyecto Padres e Hijos, había dejado de asistir al trabajo y su grandiosa ausencia se notaba en el ambiente. Todos nos mirábamos preguntándonos qué pasaba.
Las noticias nos sacaron de la duda: Los sacerdotes Fernando Salas, S.J., Patricio Cariola, S.J. y Gerardo Whelan, C.S.C, habían sido detenidos vinculados a ayudar a personas heridas en un enfrentamiento y a dar protección a la doctora Sheila Cassidy quién había atendido a los heridos. Junto a ella se encontraba también la Hermana Paula Armstrong. Fue impactante ver a Patricio encadenado entrando a Capuchinos, foto que apareció en el diario La Tercera y que guardé por muchos años, hasta que un día se la mostré y él me la pidió. No tuve argumentos para negarme a entregársela. (Hoy me gustaría tenerla para compartirla). Incluyo aquí un relato tomado de Sheila Cassidy, encontrado en la página que se indica al final de la cita.
Mayo 1975
Mientras esperaba sentada afuera de la oficina del fiscal, un grupo de personas bajaba la escalera que conducía a la oficina del sótano y allí, increíblemente, caminando tras los guardias, seguían los prisioneros. Eran mis tres compañeros de culpa, los sacerdotes que habían ayudado a los dos fugitivos y a sus mujeres. Sin hacer caso de los guardias, nos abrazamos los unos a los otros y fue entonces que me di cuenta que ellos estaban encadenados por los puños y por los pies.
Los padres Femando Salas, Patricio Cariola y Gerardo Whelan, que estaban directamente involucrados en encontrarle asilo al hombre herido y su mujer, estaban todavía con orden de no hablar, pero después de un rato el padre Salas fue llamado a la oficina y cuando salió me dijo que la orden de incomunicación había sido levantada para él también, de manera que nos era permitido mantener una conversación.
Mientras permanecíamos conversando en un rincón del hall me contó que el padre Patricio Cariola se había presentado a las autoridades el día anterior y estaba ahora enfrentando los cargos por ocultamiento de los revolucionarios. Después de un rato, al padre Whelan también se le permitió hablar y nos contó cómo había sido arrestado un domingo en la mañana, unas dos semanas atrás, cuando yo les tuve que revelar a los que me estaban torturando que él había ayudado a Gutiérrez. Él había sido mantenido en confinamiento, aislado en “Cuatro Álamos” desde el día de su detención, y lo mismo que los otros dos sacerdotes estaba inculpado en el ocultamiento de un revolucionario.
Al padre Salas. Whelan y Carlos se les levantó la prohibición de comunicación, pero sus casos todavía no habían sido resueltos, por lo que ellos fueron conducidos a “Capuchinos”, un anexo de la cárcel para hombres. El padre Patricio Cariola tendría que permanecer incomunicado, confinado en aislamiento. Antes que se lo llevaran pidió una Biblia y que se le trajera la comunión en la mañana. Mientras subía las escaleras, erguido y digno, entre los guardias, nuestra burbuja de alegría se rompió, y la absurda situación en que cuatro sacerdotes y una doctora estuvieran en prisión por ayudar a un hombre herido se hizo de nuevo una penosa realidad. http://www.blest.eu/biblio/terrazas/cap30.html

Uno de los proyectos grandes en el CIDE de esos años, era el PPH, orientado a trabajar con las madres para apoyar la educación pre-escolar de sus hijos e hijas. En esa época, el proyecto se desarrollaba en una escuela básica de Limache. El profesor de la escuela que monitoreaba el programa era Jorge Zuleta, quien posteriormente se convertiría en coordinador del PPH en Osorno y en investigador educacional del CIDE.
Como parte de mi trabajo fui incorporada al PPH, que a esa fecha se había ampliado a trabajar también fuera de la escuela y se insertaba en la comunidad, a través de grupos que funcionaban al alero de la Iglesia Católica, como la pastoral familiar, entre otros. El equipo se había ampliado y entre sus miembros se encontraban: Juan Maino, Carlos Ortúzar, Horacio Walker, Sister Paula Armstrong (fallecida el 2010), Sergio Martinic, Jorge Zuleta, Manuel Bastías, Eledin Parraguéz, Carmen Balmaceda, Patricia Gimeno. Las reuniones se hacían con mucha participación y discusión de todos sus integrantes, sin distinción. Si había demasiada tranquilidad o conformidad, Gerardo ponía algún elemento que generaba la discusión y el caos. Estallaba la defensa de los puntos de vista, se presentaban las explicaciones, el lugar se agitaba y las voces se escuchaban desde todos los rincones. En medio de esto, Patricio se asomaba preguntando “¿qué le pasa de nuevo a este cura?” Gerardo salía a su encuentro, le contaba la discusión sostenida y reían con sonoras carcajadas. En esa época el CIDE funcionaba en su sede de Almirante Barroso 22.
El 26 de Mayo de 1975, cuando Juan Maino ya no trabajaba en el CIDE, nos llega la noticia de su detención, la que después se convirtió en desaparición que hasta el día de hoy, permanece en ese estado, dado que no ha sido encontrado. Su partida nos conmocionó profundamente. Organizamos desde cadenas de oración hasta acciones de denuncia de su desaparición. Una de las más significativas de esos momentos fue una pegatina de su imagen en tamaño natural, que se puso en todos los lugares donde él había vivido, estudiado o trabajado. Fue una acción valerosa para los tiempos que se vivían.
En Julio del año 1978 fallece Carlos Ortúzar en un accidente provocado por inhalación de gas. Su partida provocó un gran dolor entre aquellos que lo conocimos y compartimos con él.
Recuerdo las protestas o denuncias en las que participamos, como las primeras marchas, la mayoría de ellas realizadas en los alrededores del CIDE. Siempre teníamos el ojo vigilante de Patricio. Ya en la sede de Erasmo Escala, se produjo la relegación de Isabel Soto, por participar en un acto de protesta contra la tortura, organizado por el Movimiento Sebastián Acevedo, formado por el Padre José Aldunate, S.J. El hecho tan duro, fue a la vez hermoso en el sentido de la solidaridad que generó en todos sus compañeros y compañeras de trabajo. Las cartas y saludos para ella se recogieron con entusiasmo cuando el primer grupo que fue a visitarla partió a Putú. En esos tiempos no había puente de conexión hacia el lugar, por lo que una parte de la travesía tuvieron que hacerla con navegación. Entre ellos iban Juan Eduardo García Huidobro, Oscar Corvalán, Cecilia Cardemil. A su regreso, todos nos agolpamos a escuchar los relatos sobre la “Chica Soto”.
Una de las cosas que valoro fue la inmensa solidaridad y compromiso que se fue viviendo al interior de la institución, tanto con aquellos que sufrían los impactos de la dictadura como con los beneficiados de proyectos educativos que abordaban temáticas tendientes a mejorar la calidad de vida. Ejemplos de ellos: Programa orientado al desarrollo de liderazgo juvenil, conducido por el Padre Eddy Mercieca, la Hna. Maggie Loayza, el Padre Tony Mifsud, y Manena Barros; PPH ya mencionado; Programa de Educación Matemática; Educación y Trabajo, entre otros.
Por otra parte, empezaron a retornar los doctorandos que se encontraban realizando estudios fuera del país: Juan Eduardo García Huidobro, Juan José Silva, Jorge Ochoa. El regreso e incorporación de ellos provocó una gran alegría en Patricio.
Gracias a esa enorme apertura de Patricio Cariola, tuve y valoro mucho la oportunidad de participar en las acciones educativas desde esos primeros tiempos del PPH. Allí tuve la experiencia de trabajar con grupos de madres en sectores populares de Santiago, alguno en Osorno, y también en Bolivia en las escuelas de Fe y Alegría, en el Alto de La Paz, hasta posteriormente formar parte del equipo que realizó el diagnóstico, desarrollo del proyecto e implementación del Programa ¡Nos Juntamos! ¿Y? La idea de este proyecto nació del Padre Whelan, quien en sus conversaciones con matrimonios jóvenes había detectado un gran vacío en la educación de la sexualidad que les permitiera una vida más plena como parejas.
Este último proyecto fue desarrollado de tal forma que pudiera ejecutarse sin necesidad de la supervisión de las personas del CIDE, para lo cual se desarrollaron materiales, capacitaciones, organizaciones, etc. que permitieran que esto fuera así. Cada paso fue acompañado por Patricio tanto en la tramitación de fondos como en el acompañamiento en las misas, visitas a los grupos, generación de contactos con instituciones de Iglesia bajo cuyo alero se desarrollaba el proyecto. La implementación de este proyecto abarcó las cuatro zonas de Santiago y ciudades entre Arica y Punta Arenas. También hubo experiencias en algunos países de Latinoamérica y en Estados Unidos.
Respecto a este proyecto puedo testimoniar los cambios que generó en los que participamos en él, especialmente a nivel de estudios. Por ejemplo, Manuel Bastías quien era el coordinador del proyecto, obtuvo su doctorado en la Universidad de Notre Dame. Guillermo García, quien era la persona que diseñaba los materiales educativos, también obtuvo un Doctorado en la Universidad de Denver, Colorado, por mi parte finalicé los estudios de pregrado y posteriormente hice los de Post grado.
En el año 1990 al regresar a Chile, el reencuentro con Patricio fue muy emotivo. Nos reunió a todos los integrantes del Proyecto Nos Juntamos Y?, realizamos una misa y posteriormente una larga reunión de puesta al día. Estaba emocionado y tenía muchas esperanzas de que el Programa continuara en el tiempo
Pasados los años, el 2005, al salir de una Universidad en la que hacía clases, me encontré con un hombre que había participado en el Programa, al preguntarle qué era de su vida, me dijo: “Soy, junto con mi esposa, el encargado del trabajo con la familia en el Colegio Filipense”, me alegré y le pregunté en qué consistía su tarea. Me respondió: “Aplicamos el Programa Nos Juntamos Y a todos los padres que ingresan al Colegio” (¡¡!!)
He narrado las experiencias anteriores porque creo que ellas sintetizan el espacio de trabajo educativo desafiante, creativo, solidario y contenedor que Patricio generó en el CIDE, desde donde salieron tantas personas que posteriormente contribuyeron también a hacer una diferencia en la educación a nivel macro: sea a nivel académico o de instituciones del Estado. Sin duda su sello espiritual y formativo se nota hasta hoy en la forma de trabajo que cada uno desarrolla en las distintas avenidas que transita en la vida actual.