Psicóloga, Doctora en Educación Profesora Titular Departamento de Estudios de la Infancia Sonoma State University (Estados Unidos)

Testimonio de Johanna Filp (70 años)
Gestiona: Cecilia Cardemil

Líneas de trabajo y cargos desempeñados en el CIDE

  • Investigadora Programa Padres e Hijos
  • Coordinadora e Investigadora Proyecto Umbral: Impacto de la Educación Pre-escolar en el Primer Año de Enseñanza Básica
  • Coordinadora Proyecto Transición de la Familia a la Escuela
  • Coordinadora e Investigadora Programa Familia-Escuela
  • Coordinadora Proyecto Evaluación de la Calidad de la Educación
  • Sub-Directora Académica

Período 1974-1994

Conocí al Padre Cariola en Octubre de l973 en su oficina en el CIDE antiguo ubicado en Almirante Barroso 22.Había recién regresado a Chile, después de estudiar en el extranjero y el Padre Cariola y el Padre Whelan me entrevistaron para un cargo de investigadora en el Proyecto Padres e Hijos. Aún recuerdo mi sorpresa frente a su cordialidad e informalidad. Sorpresa, porque me crié en el seno de una familia luterana, donde los sacerdotes católicos eran mirados con desconfianza y distancia. El padre Patricio era tan amable y no reflejaba ningunas de las cualidades que mis padres luteranos temían.

Cuál fue mi sorpresa cuando después de una larga entrevista el padre Patricio y el padre Whelan me preguntaron si podía empezar a trabajar al día siguiente. Fue el comienzo de una vida profesional y personal de gran riqueza y desafíos, que duró hasta l994, cuando asumí el cargo de Directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Fue un periodo que cubrió años duros y tristes de la dictadura y años con esperanza cuando volvimos a la democracia.

Al pensar en Patricio Cariola siento gratitud, porque él creó un espacio donde pudimos compartir nuestra pasión por la justicia social, y luchar juntos. Admiración, porque era una persona visionaria, capaz de convencer a muchos acerca de la importancia de la educación para la justicia social. Respeto, por su compromiso con las personas desplazadas, que sufren. Pena, porque ya no puedo conversar con él.

El Padre Patricio creó un espacio de reflexión, resistencia y desarrollo intelectual para cientistas sociales durante la dictadura. El CIDE era uno de los espacios en que educadores, sociólogos, filósofos, psicólogos opositores de la dictadura militar, pudieron estudiar, reflexionar y realizar investigaciones para contribuir a la construcción de bases para políticas sociales y educativas para la redemocratización en Chile.

Muchas de las personas que trabajaban en el CIDE no habrían podido crear y pensar, investigar y desarrollar programas educativos, si no hubiese existido el CIDE y la apertura de Patricio Cariola. El abrió las puertas a un grupo diverso en términos de afiliación política, religión, y profesión. Creó un espacio protegido, un invernadero donde pudieron crecer ideas y programas amenazados por la dictadura.

Cuando volvimos a la democracia, muchos cargos de importancia en el Ministerio de Educación fueron ocupados por investigadores, investigadoras y educadores del CIDE. Me vienen a la memoria Juan Eduardo García Huidobro, Cristian Cox, Marianela Cerri, Cecilia Jara y Leonor Cariola.

Patricio Cariola protegió los derechos humanos y les salvó la vida a personas perseguidas por la dictadura. Recuerdo cuando protegió a Nelson Gutiérrez, quien logró escapar de la persecución de la DINA y los militares. Al mismo tiempo el Padre Gerardo Whelan dio asilo a Andres Pascal. Ambos sabían que ni Andrés ni Nelson tendrían un juicio justo, y que de no protegerlos, la muerte sería segura. Fue solo después de una semana que el Padre Whelan y el Padre Patricio se enteraron que ambos estaban prestando asilo al mismo tiempo. Recuerdo que tanto el Padre Patricio como el Padre Whelan se veían pálidos, y tenían problemas estomacales. Nadie en el CIDE sabía por qué, hasta que tuvimos la noticia que ambos estaban en la cárcel, y quedó claro cuál era la causa del malestar. Patricio estuvo en la cárcel un mes, y nosotros nos turnábamos para ir a visitarlo. Estábamos preocupados, pero él siempre nos daba ánimo.

Patricio Cariola tenía la habilidad para convocar a representantes de diversas líneas políticas e iniciar conversaciones que llevaran a ciertos acuerdos básicos para las políticas educativas. Hacia fines de la dictadura invitó a educadores y pensadores de izquierda y derecha a seminarios semanales para discutir y analizar prioridades educacionales para Chile. Las sesiones tenían lugar en la tarde, después del trabajo, y Patricio tuvo la genial idea de ofrecer aceitunas, quesito, galletitas, agüita, café y pisco sour. Las reuniones fueron productivas y se llegaron a algunos acuerdos básicos.

La obra educacional de Patricio Cariola está viva y presente no solo en Chile, sino que también en América Latina. Varias publicaciones presentan un análisis exhaustivo de sus contribuciones, por lo que aquí me referiré solo a dos contribuciones.

El desarrollo de la educación popular y el dialogo entre investigación y desarrollo educativo. Para mí la idea central de la educación popular es crear el espacio para que las personas marginadas y silenciadas puedan expresar su voz y ser validadas, y generar acciones para promover la justicia social. Fue esta idea fuerza la que generó proyectos educativos en muchos ámbitos: familias, jóvenes, profesores, niños, madres y padres. Mi experiencia fue en el Proyecto Padres e Hijos, cuyo objetivo fue trabajar con familias en sectores pobres para apoyarlos en su rol de madres y padres de sus hijos en edad pre-escolar. La idea era potenciar los fondos de conocimientos presentes en las comunidades y fomentar el óptimo desarrollo de los niños pequeños.

El diálogo entre investigación y desarrollo social y educativo fue central en el CIDE y ayudó a generar ideas y proyectos que alimentaron la formulación de las nuevas políticas educativas durante la etapa de redemocratización en Chile. El foco siempre fue cómo mejorar las condiciones de vida de los más marginados a través de la educación.

La manera de ser de Patricio Cariola. Tenía una habilidad excepcional para convocar a profesionales y políticos de diversas líneas. Siempre abierto a aprender y a escuchar. Recuerdo que una vez comentó que buscaba contratar a personas que fueran más inteligentes que él. Que le daba mucho susto, porque se sentía amenazado, pero que tenía claro que para el CIDE era importante contar con mentes e ideas brillantes. Me quedé pensando que esa es una cualidad esencial en un buen líder. Tenía un sentido del humor muy simpático, y le encantaba reírse. Era humilde para reconocer sus errores. Recuerdo un conflicto duro, cuando Patricio insistió en una política institucional, de que marido y mujer no podían trabajar en el CIDE. La protesta y resistencia por parte de muchos de nosotros fue fuerte, especialmente porque significaba que nuestros compañeros de trabajo tenían que escoger entre el amor y el trabajo. Finalmente Patricio reconoció que la regla era injusta y la cambió. ¿Defectos? No voy a explayarme porque los buenos amigos no delatan los defectos y además, como decimos en Chile, “no hay finao malo”.

Patricio Cariola era un sacerdote que vivía su fe en acción. No hablaba mucho de su fe, pero sus acciones inspiraban amor por el prójimo y compromiso social. Recuerdo que una vez él dijo: “Nada que se hace por amor se pierde”. Idea inspiradora, que además llama a la honestidad personal. Patricio sentía comunidad con lo divino especialmente en la naturaleza. Una vez, en una caminata por la Cordillera con un grupo pequeño de amigos, Patricio se quedó admirando un peñasco inmenso, ubicado en las alturas del camino. Respiró profundamente, y se quedó en silencio. Luego comentó “Las rocas de la cordillera me hacen sentirme protegido por un padre bondadoso, me hacen pensar en Dios”.