Profesor de Estado en Historia, MSc Investigación Educativa (DIE, México), Investigador en el CIDE (1985-1989) Coordinador de REDUC (1992-96) Funcionario UNESCO (1996-2011) Consultor.

Testimonio de Alfredo Rojas F. (67 años)
Gestiona: Cecilia Cardemil
Escrito entre el 16 y el 19 de diciembre de 2016.

Pregunta 1
¿Qué sientes al evocar a Patricio Cariola y comenzar a pensar en tu relación con él?
Patricio fue en más de un sentido, “padre”. La persona que enseña, guía y de vez en cuando, corrige; “tira las orejas”. Sabía muchísimo de nuestro campo, la educación, y aprendí de él. Sabía muchísimo de la gestión de Redes, y aprendí de él. Sabía muchísimo de contactos internacionales y financiamiento y aprendí de él. Era un político jesuita 100% y por supuesto, si bien lo admiré y respeté, en ese ámbito preferí no aprender de él.
Aprendí de su atención a los detalles. La importancia de los muchos detalles a tener en cuenta a la hora de organizar una reunión internacional, o una reunión con profesores. Comprendí la importancia del trabajo en equipo; de los seminarios, de los encuentros; en fin, de todo lo que significa el diálogo en nuestra profesión.
Recibí “tirones de oreja” de su parte por olvidar detalles como quienes tienen que hablar en una reunión, equilibrando intereses y representaciones. También los recibí por no prestar suficiente atención al financiamiento y al gasto de las actividades.
En los años en los que participé del CIDE Patricio Cariola generaba posibilidades materiales, financieras, de “pan y mantequilla” a la investigación, la educación popular y la diseminación de información, y al mismo tiempo junto con Juan Carlos Tedesco de la OREALC UNESCO, y otros investigadores/as del CIDE y el PIIE formaron la red de intelectuales del campo que abrió nuevos caminos de políticas educativas en la Región.

Pregunta 2
¿Cuándo conociste a PC y en qué circunstancias? ¿Cuál fue tu relación con él?
Cuando regresé de mi exilio en México en 1983 no tenía trabajo. Compañeros y compañeras de exilio que habían regresado antes me hablaron de los centros académicos independientes. Sergio Martinic que formaba parte del CIDE me pidió que, a cambio de una pequeña beca de un organismo europeo, le ayudase a administrar esa misma beca. La beca exigía un cuarto de jornada que podía hacer indistintamente en el CIDE o en el PIIE. Quedé en el CIDE porque Luis Brahm vio en mi CV que sabía de computación y en ese entonces él había adquirido un Apple IIc que nadie sabía usar, razón por la cual Patricio lo regañaba a cada momento. Para Lucho, fui su salvación. Me puso en la oficina de la Apple (una oficina sola!) y cuando Patricio regresó de su viaje, muy temprano una mañana de marzo del 84, le fue a mostrar que la compu ya se estaba utilizando. Patricio se alegró, recalcó que había costado 6 mil dólares y me dijo que tenía que enseñársela a usar a todo el mundo.
Patricio amaba las nuevas tecnologías. Recuerdo que solía viajar con el modelo más reciente de Laptop comprado en Miami. Una vez, de regreso de un viaje por Europa y a su paso por los EEUU lo detuvieron en Aduanas porque circulaba inocentemente por el mundo con un aparato tan moderno que no podía salir de ese país.
De alguna manera la tecnología nos acercó. Nos acercaron también otras tres cuestiones: el Norte, Antofagasta; él recordaba sus años de “maestrillo” en el Colegio San Luis, en los años sesenta, colegio al que volvió como Rector después de dejar el CIDE en los noventas. Por otra parte, yo solía redactar bien y rápido, y me invitó a escribir con él. Y también nos unió Redcom, Fernando Flores y todo lo que éste trajo a Chile el año 88. Los talleres de “comunicación para la acción” le fascinaron y yo compartí esa fascinación. A pesar de que el enfoque de Flores no era bien recibido por algunos de los intelectuales más sofisticados del CIDE, y a pesar de la no tan buena reputación de su autor. Sin embargo, Flores era un triunfador y a Patricio le encantaban los triunfadores, fuesen de la UCLA o de alguna población de La Cisterna. Los empresarios y los/las dirigentes sociales o de comunidades cristianas de base.
Por esos años yo había comenzado a colaborar con REDUC, y más tarde a principios de los 90 fui nombrado su Coordinador General. Patricio y Lucho Brahm eran el alma y el motor de la Red. Me parece que mi rol fue aportar una mirada estratégica desde la tecnología. Por ejemplo, la Red comenzó a operar on-line antes de que existiera INTERNET. Y estuvimos en “conversaciones relevantes” con canadienses que más tarde estuvieron entre los fundadores de la Web. Comenzamos a utilizar juegos de simulación como fórmula para presentar hallazgos relevantes de la investigación, y profundizamos la relación entre investigación y toma de decisiones en educación, adelantándonos al menos en dos décadas a prácticas que recién hoy en día están pasando a ser parte del bagaje de los/las docentes formadores de docentes.

Pregunta 3
¿Cuáles son los aspectos de la vida de Patricio Cariola y de su participación en la vida social y política de Chile que es necesario dar a conocer, recordar y sobre los cuales es importante dejar un testimonio histórico?
No cabe duda que el regreso a la democracia en Chile y la derrota de la dictadura en un plebiscito fue el resultado de la movilización de diversas fuerzas políticas y sociales. La participación del pueblo organizado fue decisiva y detrás de ella estuvo la educación popular. El movimiento y las acciones de educación popular, junto con las comunidades cristianas de base fueron parte fundamental del regreso a la democracia. Y también lo fue la acción de la Vicaría de la Solidaridad y del Cardenal Silva Henríquez. Debemos recordar que Patricio fue uno de los fundadores del Comité Pro Paz, institución antecesora de la Vicaría. Y también que por muchos años el CIDE fue el centro de la acción y la reflexión en torno a la educación popular y que, otra vez, Patricio fue quien reunía los fondos y animaba las discusiones. Sus conexiones internacionales fueron clave para sostener un flujo de fondos solidarios que sostuvieron muchos de los programas de educación .popular.
Patricio tenía la habilidad de dialogar con todo el mundo, y de recoger a las ovejas descarriadas que con el Golpe habíamos quedado en el camino. Aceptaba a todos y todas, (excepto comunistas). Los ex Mapu, los socialistas y los ex Mir no eran mal vistos por Patricio. Aceptaba también a separados y separadas, a madres solteras, a ateos y creyentes. Recibía con los brazos abiertos a judíos y a evangélicos de las diversas denominaciones. Pero claro, era un jesuita, sacerdote y católico y siempre que podía presidía liturgias en el CIDE y ceremonias de bautismo, funerales o bodas de sus funcionarios.
Este clima ecuménico se reflejaba en la cultura institucional del CIDE, como también en la diversidad de miradas disciplinarias con las que se enfrentaban los temas de investigación (sociología, psicología social, antropología, historia, economía), si bien ambas miradas tenían su punto de partida –y también de llegada- en la “opción preferencial por los pobres” de la Iglesia chilena de esos años. Esa mirada se combinaba, mixturaba y potenciaba con el post-marxismo de fines del siglo XX, con Paulo Freire, Gramsci, Bourdieu y desde luego, Basil Bernstein. Con todo eso, más la reflexión y la práctica de la educación popular el CIDE era claramente una institución de izquierda. Aunque su administradora, nuestra querida Cecilia Castelblanco no lo fuera. Y posiblemente Patricio mismo se sintió mucho más democratacristiano que izquierdista renovado.
A fines de los años 80 toda esa energía intelectual fue alcanzando su madurez, y llevó a la institución a ser una potencia política y educacional a escala latinoamericana, y en muchos sentidos, mundial. Recuerdo una vez que fuimos a una reunión con el Ministerio de Cooperación de Alemania, poco después de la reunificación. Para nosotros, de REDUC, era habitual viajar con nuestros laptops cargados con las bases de datos de la investigación latinoamericana. Nuestros interlocutores alemanes que ni siquiera tenían laptops consideraron que éramos “del primer mundo”. Y financiaron apoyos a la diseminación del modelo en África, en donde hicimos diversos talleres y seminarios. Lo mismo ocurrió con la investigación para políticas que comenzó a desarrollarse a mediado de los ochenta, y a compartirse a través de la RRAG, la red de redes de investigadores que Patricio organizó, y que fue financiada por los canadienses y por el gobierno suizo (a través de ONGs de docentes e investigadores izquierdistas de ese país).
Patricio se movía también en el mundo de los empresarios, y entre influyentes personalidades democratacristianas que llegarían a ocupar cargos ministeriales en los primeros gobiernos de la Concertación. Sin embargo, no tengo noticias de que él haya participado directamente en las conversaciones en las que se acordaron los pasos conducentes a la transición a la democracia. En esas conversaciones participaron intelectuales del CIDE y algunos, como Cristian Cox jugaron un rol de primera importancia en asegurar la continuidad de las políticas educativas que se habían iniciado durante el régimen militar en los años siguientes.
En mi opinión, cuando el país retornó a la democracia el CIDE fue relegado a un segundo plano y lo mismo ocurrió con Patricio. El campo de lo político volvió por sus fueros y una anomalía histórica como el CIDE ya no resultaba necesaria. De hecho, y en perspectiva, la “transición pactada” con la dictadura requería la reducción de las capacidades de acción y reflexión de las ONGs en general y del CIDE en particular. En 1985, Patricio imaginaba otro regreso a la democracia. Especulaba que -en una democracia en donde el pueblo era tomado en cuenta-, la educación popular seguiría plenamente vigente. Entonces, a propósito de una hipotética masificación de la educación popular, literalmente me dictó lo siguiente:
“Empero, en condiciones de masificación de estos programas, sería posible pensar que parte de sus costos fuesen absorbidos por el Estado; en ese caso. sus organismos de Planificación y Gobierno, a nivel central, regional o local podrían definir las áreas temáticas y geográficas que desearían promover, asi como los recursos que estarían dispuestos a invertir y los logros y vigencia social mínimos que esperarían obtener. Las ONG e instituciones interesadas podrían optar a tales recursos comprometiéndose a obtener los logros mínimos, aunque al mismo tiempo, reservándose el derecho de formular objetivos adicionales y a aplicar las metodologías que mejor se adaptasen a las condiciones de la población y a sus objetivos institucionales.
Otra modalidad de aplicación sería la de que los propios órganos de poder local tuviesen sus departamentos de acción social y educación popular. Allí, lo central sería la acción coordinada de tales organismos con instituciones propias de la comunidad: iglesias, sindicatos, centros de padres, organizaciones vecinales, etc.
Una tercera modalidad podría ser la de subsidiar las actividades educativas que interesasen al Estado, realizadas por los propios organismos de la comunidad: por ejemplo, subsidiar las actividades educacionales de los sindicatos, o los talleres de mujeres, realizados por organizaciones femeninas, o los de educación cívico-política desarrollados por los partidos.
Cualquiera de esas modalidades -o la combinación de ellas -aseguraría la cercanía de las instituciones con los sectores populares, sin elevar innecesariamente los gastos de administración de los programas y sin crear una numerosa burocracia…” (Cariola y Rojas:1985).
Es necesario dejar en claro que Patricio asumió con entusiasmo el rumbo que comenzó a tomar la transición, a pesar de que dicho proceso primero tensionó al CIDE y luego lo debilitó. Lo tensionó cuando los colegas que trabajaban en los programas de educación popular advirtieron que se venía una transición más tecnocrática que democrática y popular y exigieron derechos laborales que habían estado por años entre paréntesis en la institución, pues consensualmente todos nos conducíamos con reglas laborales implícitas ad hoc a la circunstancia de ser una organización contestataria en una dictadura. Para cumplir con esas demandas, el CIDE perdió parte de su capital.
Junto a los educadores populares que se marcharon, muchos de los investigadores e investigadoras de primera línea de la institución partieron a ocupar posiciones en el Estado, y más tarde, hubo un tercer oleaje de quienes nos fuimos a organismos internacionales. Patricio siguió “pastoreando” a su gente en los diversos rumbos laborales que fueron asumiendo y sólo su partida a Antofagasta y luego su enfermedad lo sacó del escenario de nuestras vidas.
Cabe señalar que Patricio no dudó en facilitar sus redes de contactos de financiamiento internacional a las instancias estatales que los primeros gobiernos de la Concertación crearon para canalizar la ayuda internacional, con la consiguiente disminución de fondos para el CIDE. Tampoco dudó en acallar voces públicas de educadores del CIDE cuando tales voces comenzaron a ser consideradas estridentes por ex colegas que habían asumido posiciones de alta dirección en el Estado. Generoso y riguroso: un jesuita de tomo y lomo.
Quiero destacar dos de las contribuciones más relevantes de Patricio a la educación, porque para mí son más cercanas ya que hasta cierto punto, participé de ellas. La primera, la relación entre la investigación en educación, la formulación de políticas y la toma de decisiones en educación, y la segunda, una sistematización de su experiencia personal respecto de las condiciones de masificación de las experiencias de educación popular, a que hice referencia y posible de recuperar en la publicación “Del Macetero al Potrero”.
Respecto de la primera, a continuación transcribo un artículo que alguna vez me solicitaron y que nunca fue publicado pero que creo describe en profundidad la innovación que fue REDUC, esa creación de décadas de Patricio, Luis Brahm y Juan Eduardo García-Huidobro.

“REDUC Y LA PRESENCIA DEL CIDE EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL. UN CASO PARADIGMÁTICO.
Alfredo Rojas Figueroa
Este artículo presenta sólo un caso, entre decenas que podrían ser contados, de la relación entre investigaciones realizadas en CIDE y diseminadas a través de reuniones y conferencias por la Red de Información y Documentación en Educación (REDUC), contribuyeron a forjar el pensamiento y la acción educativa de gobiernos e instituciones, desde los años setentas a nuestros días.
Este caso en particular se sitúa a fines de los años ochenta. En aquéllos años en REDUC se viajaba permanente. Se visitaba a los 25 centros asociados en los diferentes países de América Latina, se organizaban reuniones, seminarios y congresos en las distintas ciudades de la Región; se asistía a reuniones convocadas por otras organizaciones; se iba a Estados Unidos, Canadá y países europeos buscando fondos, y presentando proyectos a ONGs internacionales o los ministerios de ayuda al desarrollo, y no podían faltar reuniones con los distintos organismos internacionales, con la UNESCO, el Banco Interamericano, la UNICEF, y otros. Patricio Cariola, director del CIDE y presidente de REDUC, era el viajero número uno. Subía y bajaba de los aviones como quien viaja en el metro. Luis Brahm, por años coordinador general de la Red, hacía lo propio. Y toda persona que comenzaba a trabajar en la Red, rápidamente pasaba a la categoría de “viajero frecuente”.
Si bien el corazón de la Red eran sus Resúmenes Analíticos en Educación (RAE), una ficha bibliográfica ampliada orientada a proveer de información a los investigadores, la actividad de la Red se nutría en reuniones y encuentros de investigadores. Fundada en 1972, a mediados de los ochenta los centros asociados ya eran 25, diseminados por todos los países de la Región. El Centro Coordinador de la Red era el CIDE, y sus tareas más importantes eran centralizar la producción de RAEs de los centros, hacer una publicación regional, y distribuirla junto con las microfichas entre todos ellos. Sus otras tareas eran financiar la actividad de todos los centros asociados mediante proyectos financiados por la cooperación internacional y organizar y animar reuniones y encuentros de investigadores. De hecho, la actividad internacional de REDUC había alcanzado un grado tal de desarrollo que había apoyado el establecimiento de redes semejantes en otras regiones del mundo: en África y Asia e incluso participaba activamente en redes de investigadores de los países de Europa y los Estados Unidos.
A fines de los años ochenta en Chile se hacía evidente el agotamiento de la dictadura militar y el inminente retorno a la democracia. En ese marco junto a la profundización trabajo de diversos proyectos de educación popular implementados por el CIDE y otras ONGs, el programa de investigación del CIDE elaboraba propuestas de políticas cuyo foco era la relación entre pobreza y educación. Luis Zúñiga, quien años más tarde falleciera trágicamente cumpliendo una misión de la UNICEF en África, lideraba ese proyecto. Junto al equipo de investigadores, Zúñiga constataba que “… los niños de sectores populares, asisten a la escuela pero su participación en las conversaciones básicas que han ido dando lugar al saber es muy limitada. Si persistiera este patrón de exclusión respecto al conocimiento, se podría mirar con pesimismo las posibilidades de participación de estas poblaciones en las operaciones de transformación tecnológica, que constituyen maneras a través de las cuales se prolonga la participación de las personas y grupos sociales en las conversaciones del saber”. Y además, indicaba que los “antecedentes presentados nos advierten sobre la existencia de una modalidad primaria de desigualdad social o que por estar ligada al equipamiento de las personas (y por lo tanto a la posibilidad de generar acciones efectivas en los dominios ligados a la calidad de la vida) se comporta como una desigualdad generadora de mayor desigualdad” (Zúñiga: 1989).
Por su parte, una de las conclusiones del texto ¿Qué pueden esperar los pobres de la educación?”, que sintetizaba los hallazgos del proyecto de educación y pobreza hacía énfasis en considerar al que hacer educativo desde las competencias sociales que genera; y más en concreto, “se postula que la educación debe ser evaluada (y eventualmente re-evaluada) según su capacidad de incrementar nuestras competencias para la acción” (García-Huidobro:1989).
En el año 1988 la UNESCO junto con otros organismos internacionales como el Banco Mundial, UNICEF y otros llamó a una Conferencia Mundial destinada a discutir el estado y rumbos futuros de la educación, que se realizaría en Jomtiem, Camboya en 1990. Como parte de la preparación de dicha Conferencia, en las diversas Regiones del mundo se realizaron reuniones y conferencias preparatorias. Los investigadores del CIDE jugaron un importante papel en esas reuniones, y Patricio Cariola junto a Luis Brahm fueron invitados a Jomtiem.
Allí, el rol del grupo latinoamericano fue clave para establecer una de las conclusiones más importantes de la Conferencia, lo que se denominó “necesidades básicas de aprendizaje”, que formulan, en términos positivos y propositivos los hallazgos de las investigaciones sobre educación y pobreza. Las necesidades básicas de aprendizaje “…abarcan tanto las herramientas esenciales para el aprendizaje (como la lectura y la escritura, la expresión oral, el cálculo, la solución de problemas) como los contenidos básicos del aprendizaje (conocimientos teóricos y prácticos, valores y actitudes) necesarios para que los seres humanos puedan sobrevivir, desarrollar plenamente sus capacidades, vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el desarrollo, mejorar la calidad de su vida, tomar decisiones fundamentadas y continuar aprendiendo. La amplitud de las necesidades básicas de aprendizaje y la manera de satisfacerlas varían según cada país y cada cultura y cambian inevitablemente con el transcurso del tiempo” Conferencia Mundial de Educación Para Todos (1990).
Al hacer de la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje el centro de la actividad educativa , se desplaza el centro de gravedad de los procesos educativos desde el enseñar al aprender; ello trae aparejada una redefinición de la experticia de los profesores y profesoras, que pasan de ser “enseñantes” o maestros, a expertos en generar aprendizajes. A su vez, esas redefiniciones abren mundos nuevos, que los profesionales de la educación aún no han cubierto: por ejemplo, cuáles son y cómo se dan los procesos de escucha y construcción de sentidos de los estudiantes, en especial los que viven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad. De alguna manera, los caminos abiertos por los hombres y mujeres que laboraron CIDE y REDUC todavía revelan horizontes de posibilidades”.
Ese era Patricio Cariola. Tomaba lo mejor de los investigadores e investigadoras de América Latina y la daba un toque de universalidad, lo ponía en los círculos de la “corriente principal”, no solamente de Chile o América Latina, sino del mundo.

Pregunta 4
¿Qué me puedes contar acerca de la manera de ser de Patricio Cariola? Siéntete libre de referirte tanto a aspectos positivos como negativos.
A diversos aspectos de la manera de ser de Patricio he hecho referencia en las preguntas anteriores. No tengo mucho más que agregar. Tal vez destacar el hecho de que fue mucho más un educador y un hombre de acción que un intelectual. Por su preocupación permanente por la educación y por los educadores, no me cabe duda que su Premio Nacional de Educación fue más que merecido.

Pregunta 5
Patricio Cariola fue toda su vida un sacerdote jesuita. ¿Qué me puedes contar sobre su relación con la trascendencia y su trabajo pastoral?
Patricio-sacerdote jesuita se la jugaba por la aproximación personal, por una pastoral que partía de su relación con la trascendencia, para regalárnosla, para entregarla gratuitamente a cada uno de nosotros. Por lo menos para mí fue así. En mi condición de separado, me dijo claramente que no podía recibir el sacramento de la comunión, pero que eso no me separaba de la comunidad. Recuerdo lo siguiente: fuimos a Waco, Texas a negociar un proyecto. Hacía unas semanas había fallecido mi hermana menor, cuando él estaba en otro viaje. Cuando le comenté de su pérdida, y mientras esperábamos un avión en Dallas, me invitó a una sala de oraciones en el aeropuerto y dispuso que su misa diaria fuese para ella. Imagino que en ese salón estábamos los cuatro: su Padre, nosotros dos y mi hermanita que falleció trágicamente tras padecer una enfermedad crónica e inhabilitante. Y al momento de la consagración pensé: “Cecita, aquí estamos, en un aeropuerto de Texas muy muy lejos del triste hospital en el que partiste… Hoy Patricio te ayuda a alzar el vuelo”.