Encargado del Fondo Documental “Monseñor Pablo Lizama Riquelme”, Arzobispado de Antofagasta.

Al Padre Cariola yo lo conocí por historias que me contaba mi mamá. Ella estudió en el Instituto Santa María de Antofagasta (es un colegio que pertenece a las Hermanas de la Congregación de Jesús y es bien conocido y tradicional aquí en Antofagasta) y siempre me dice que cuando estaba en el colegio iba con el Padre Cariola, quien era novicio y ocupaba sotana ploma, a realizar acción social con las monjas del colegio a la llamada “Población de los Chanchos”, hoy “Población Los Pinares”, precisamente porque en ese lugar, de extrema pobreza en la Antofagasta de hace 60 años atrás, la gente criaba estos animales para subsistir. Él trabajaba como uno más con los pobladores. Después, el Padre Cariola les hizo clases a mis tíos en el Colegio San Luis (de la Compañía de Jesús, que queda justo al frente del Instituto Santa María).

Como se podrá imaginar, crecí escuchando sus historias. Tuve la suerte de que me hiciera clases en Tercero Medio en el Colegio San Luis (En realidad nos hacía Ética y Moral y eran bien exigente, Nos hacía leer a Marciano Vidal y Tony Myfsud, pero una maravilla enseñando. Cuando entré a  la universidad, le agradecí tanto sus clases). Siempre nos decía a mis compañeros y a mí que nuestra única responsabilidad era estudiar porque estábamos en un buen colegio, pero que tampoco sacábamos nada con “creernos la muerte” de estar en el San Luis si una vez egresados, no poníamos todo lo aprendido al servicio de nuestros hermanos más necesitados.

¡Son muchas las historias y anécdotas con el P. Cariola! El siempre nos esperaba en la puerta de calle 14 de Febrero todos los días para recibirnos.  A nosotros nos gustaba mucho que el Rector del Colegio ocupara la misma corbata que nosotros, pues lo sentíamos como uno más, un sanluisino más. Por eso también puso la Rectoría a la entrada del colegio. Siempre tuvo ansias de hacer cosas por los más necesitados, y a lo mejor pienso que era por eso que pasaba tanto rato mirando los cerros, donde están las poblaciones, y que se ven desde el patio principal del colegio. Una vez, y lo recuerdo como si fuese ayer, veníamos saliendo de la clase de Educación Física y él se acercó a conversar con nosotros (lo que hacía siempre), preguntándonos cómo nos había ido. Entonces, a mí se me ocurre decirle que el agua de las duchas estaba helada, pero todo fue, como se dice ahora, “en buena onda”, sin tono de reclamos ni nada por el estilo. Entonces, él se puso muy serio y nos dijo, apuntando hacia los cerros donde están las poblaciones: “La próxima vez que ud. se queje porque se ducha con agua helada, acuérdese que hay hermanos suyos, en esta misma ciudad, que ni siquiera tienen un baño donde hacer sus necesidades”. Nunca, por mucho que pase el tiempo o lo viejo que esté, yo podré olvidar lo que me dijo aquel día.

El P. Cariola siempre creyó que la educación era el principal vehículo para transformar una sociedad. Justo por el tiempo en que yo estaba en el colegio, y él era el Rector, mi papá era alcalde de Antofagasta. Siempre le decía a mi papá que había que preocuparse de las escuelas y de la educación que recibían los niños y niñas. Después de todo, ¿Qué les impedía a ellos recibir la misma educación que un niño que estudiaba en el San Luis o una niña que estaba en el Santa María? Por eso, mi papá buscó los recursos y logró construir la Escuela D 136 “Reverendo Padre Patricio Cariola S.J.”, en la cual, por esas vueltas de la vida, trabajé años después como Profesor de Historia. A mis alumnos siempre les hablaba del P. Cariola, del gran hombre que fue, del maestro dedicado y piadoso sacerdote.

Como quería que el Colegio San Luis se abriera a la comunidad, se le ocurrió trabajar en conjunto con el Liceo de Niñas de Antofagasta en un proyecto de clases de Inglés, donde los mismos profesores que nos hacían clases a nosotros trabajaran (¡Que nos hacían toda la clase en Inglés y absolutamente nada en español!) con las niñas y los profes del liceo.

Han pasado los años, y me siento más que afortunado de haber conocido al P. Cariola. y de que me haya hecho clases. Creo que como pocos él encarnó la máxima de San Ignacio de ser “contemplativos en la acción”, así como también, ser un verdadero sanluisino, “siendo un hombre para los demás”, tal como reza el lema del colegio.

¿Qué es lo que más le agradezco al P. Cariola? Sin duda alguna sus clases, el amor por el estudios y el conocimiento, pero más que eso, el hecho de que me haya enseñado a reconocer que Jesús no está solamente en altares o sacramentos, o en la preciosa imagen que se venera en la capilla, sino en nuestros hermanos que sufren a diario. Y eso es precisamente lo que trato de hacer hoy en día, que ya soy un profesional, y han pasado 21 años desde que ese gran hombre me compartiera conmigo su sabiduría y forma de ver la vida.