Perfil de Patricio Cariola SJ

Inglés

Autora: Leonor Cariola.

Este perfil fue elaborado a partir de los testimonios recogidos de las personas que conocieron y trabajaron con Patricio Cariola SJ.

Describir a Patricio Cariola (1928-2001) en pocas palabras es difícil ya que fue un hombre muy polifacético. Hombre moderno y ubicado en el mundo actual y hombre de Dios. Amante y amigo de pobres y ricos. Dulce, cariñoso y buen amigo, al mismo tiempo que tenaz, emprendedor auto-exigente y exigente con quienes trabajaban con él. Preocupado por la investigación educativa, por los profesores y por la educación popular. Generador de recursos para los proyectos de educación, con gustos refinados y, sin embargo, absolutamente pobre (de espíritu y materialmente). Intelectual y de acción. Extremadamente tolerante y al mismo tiempo tozudo con sus ideas.

En todos los testimonios y entrevistas que aquí se presentan se señalan características semejantes de Patricio, expresadas de distintas maneras y en distintos ámbitos y contextos. Muchos se refieren a él como un amigo fiel, cariñoso. La amistad con él era “honda”, profunda. En algunos casos esta incluía un compromiso social por los más desfavorecidos o una relación de espiritualidad orientada por San Ignacio. En otros casos, no era tan específica, pero siempre dejaba una huella de trascendencia y amor al prójimo. Se destaca su generosidad: con su tiempo, con su sueldo (en un momento lo compartió), con su ropa, con su poder e influencia para ponerlo al servicio de los más desfavorecidos o de quien lo necesitara. Era generoso hasta con las fuentes de financiamiento, cosa con la que no todos estaban de acuerdo. Movía todas sus redes y usaba su seducción para ayudar. Todo esto en un marco de confianza y aprecio que él trasmitía a todos y lleno de un humor fino que le permitía reírse de sí mismo. Trasmitía bondad y todos lo reconocen como un jesuita de “tomo y lomo”. Es por todo eso que se le echa de menos con nostalgia y en cada uno ha dejado un vacío muy particular.

En el desarrollo de todas sus obras y proyectos se destaca su capacidad de convocar, congregar, dialogar e impulsar a otros a conversar con tolerancia y respeto. Tanto en las reformas de Frei Montalva, como de Allende y las de los noventa, siempre jugó este rol. Curiosamente, mantenía un bajo perfil pero trabajaba arduamente proponiendo ideas, aglutinándolas con las de otros, muchas veces vistos como contrarios u opositores. Inspiraba, convencía y sacaba adelante sus propuestas sin pasar a llevar ni ostentar sus logros sino, más bien, haciendo ver los aspectos en que los demás aportaban y tenían razón. Era un maestro del lobby, cuando aún no se usaba la palabra, y lo hacía a favor de una educación de calidad para todos, liberadora y que fomentara valores cristianos sin ser proselitista. En todo esto había un reflejo de su opción preferencial por los pobres.

Patricio Cariola fue un gran innovador. Con una creatividad admirable era capaz de juntar y mezclar cosas que en la época aún no se soñaba. Así fue como impulsó la educación popular y sus aprendizajes los aplicó a la educación escolar, fomentó la adquisición de conocimientos en la acción y de allí la importancia de sistematizar los múltiples proyectos de acción que impulsó. Desarrolló la investigación en función del diseño de política y vio la necesidad de estudiar y analizar la relación entre ellas. También aplicó los principios de la educación popular en sus misas, haciendo hablar a la gente especialmente en la época que el miedo los tenía aún más callados que de costumbre. Adoptó y usó la tecnología poniéndola al servicio del Centro de Investigación y Desarrollo (CIDE) y de las redes de investigadores latinoamericanos.

Siempre abierto a las nuevas ideas, valoraba cuando se le presentaban proyectos en temáticas aún no incluidas en la agenda, dando espacio a la creatividad de otros. Incluso, aunque a regañadientes, aceptó que se hicieran investigaciones sobre educación y género. Ya en los años 60 vio con claridad la importancia del perfeccionamiento docente, desarrollando programas en este sentido y fundando Cuadernos de Educación que hasta hoy ha tenido una amplia difusión. Así también, sin temer a los cambios y a la nueva corriente de Planificación Educativa, estudió este pensamiento, valoró sus ventajas y lo transmitió al sector privado de educación que en ese tiempo estaba a la defensiva de los cambios.

Quienes interactuaron con él pudieron apreciar su gran calidad humana que, junto con su intelecto, formación y conocimientos, fue decisiva en el trabajo. Los testimonios de las personas que trabajaron en el CIDE, nos hablan de virtudes de Patricio que se vieron reflejadas en esta organización creada por él. El CIDE nace como un departamento de la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE), presidida por el Padre Patricio Cariola, S.J., a fines de los años sesenta para responder a las necesidades de la Reforma Educativa de Eduardo Frei Montalva. Luego se separa de la FIDE, pasando a depender del Arzobispado. En ese momento Patricio piensa que el trabajo debe estar dirigido a la educación nacional y ya no solo a la particular. Este hecho nos habla de su capacidad para innovar, pero también de su atención a los signos de los tiempos y de su inserción en el mundo actual. Servía a Dios y a la Iglesia, pero tenía los pies bien puestos en la tierra.

Llama la atención la capacidad de Patricio para sacar lo positivo de las cosas negativas y de “re-armarse” como persona frente a aparentes fracasos. Cuando pierde la presidencia de la FIDE, sigue desarrollando sus ideas en relación a educación liberadora, profesor-jefe y comunidad escolar en el CIDE que empieza a crecer. Golpeado y parcialmente recuperado de su enfermedad parte a estudiar filosofía con Fernando Flores a Estados Unidos. Cuando deja la dirección del CIDE, trabaja en el Ministerio y luego concretiza sus ambiciones educativas en el Colegio San Luis de Antofagasta donde tuvo que hacer grandes cambios para mejorar drásticamente la educación. Lo notable de esta última etapa es que no solo se ocupa de su colegio, sino de la calidad de otros establecimientos de la ciudad.

Visionario como era, en los 70s y 80s se dedicó a preparar el terreno para implementar una educación de calidad que hiciera posible la inclusión de todos los chilenos a la sociedad. Para esto, consiguió becas y permitió que muchos estudiaran post-grados y doctorados en Estados Unidos y Europa. En el intertanto buscó a las personas más capacitadas de la época para colaborar con el CIDE. Muchos testimonios hablan con agradecimiento de la importancia que daba Patricio a la formación de las personas. Impulsaba a estudiar formal e informalmente, a asistir a toda clase de seminarios aquí y en el extranjero; siempre vinculado a la realidad nacional, estableció la costumbre de llevar actores destacados al CIDE a informarnos de sus avances y preocupaciones. Tal vez, lo más importante sea que también fomentó instancias de aprendizaje entre nosotros. Así, los distintos proyectos debían intercambiar sus experiencias periódicamente y recibir los aportes de los demás. También sucedía que internamente alguno más sabio en un tema impartía seminarios al resto. Obligó al conjunto del CIDE a entrar en la computación, instalando una sala para tal efecto cuando en países desarrollados era aún algo incipiente. Contrató clases de SPSS para que las personas asistieran voluntariamente después del horario laboral. La biblioteca del CIDE y REDUC permitían a todos mantenerse al día en los adelantos educativos del resto del mundo.

Además de preocuparse por la formación intelectual y profesional, se ocupó de las personas y de su forma de trabajar. Dos cosas que se señalan reiteradamente en los testimonios son que enseñó/exigió trabajar en equipo y el cuidado en los detalles. Si bien no era él el que desarrollaba personalmente el sin número de proyectos que impulsaba al interior del CIDE, tampoco se desligaba totalmente haciendo un seguimiento acucioso y exigiendo mejorías o complementos. Algunos testimonios aseguran que “retaba” hasta que las personas aprendieran a hacerlo perfecto.

Entre las características del CIDE desde sus inicios, señaladas en los testimonios y que nos hablan de Patricio, está la tolerancia e inclusión. El criterio que lo regía para contratar a una persona no tenía que ver con su ideología política o creencia religiosa, sino con su capacidad de entregar ideas que significaran aportes cualitativos para la educación del país. Al principio se habla que llevó a radicales, masones y agnósticos junto con curas, monjas y católicos/as laicas. Con el paso del tiempo, después del golpe, no dudó en recibir a despedidos de otras instituciones y así llegaron Mapus, Miristas, Comunistas y Socialistas (renovados o no). También era ecuménico: entre los cideanos habían, además de católicos, agnósticos y ateos, evangélicos, judíos y luteranos. Recibía en pasantías o intercambios a jóvenes de distintas nacionalidades, europeos, de Norte América y latinoamericanos. Con su capacidad de hacer “puentes” entre las personas llevaba a los de Cerro Navia al barrio alto y vice-versa. Además, siempre se relacionó con los políticos sin importar las diferencias ideológicas.

Así como fue valiente para defender sus ideas y enfrentar la enfermedad, también lo fue para defender los derechos humanos. El Cardenal Silva Henríquez pidió al Provincial de los Jesuitas que nombrara un sacerdote para que lo representara en el Comité Pro-Paz y el P. Juan Ochagavía nominó a Patricio. Sabemos que allí se desempeñó fielmente, pero aún no tenemos suficientes detalles. Él no se refería mucho a lo que hacía o no hacía en ese sentido, así es que sólo hay pinceladas: el testimonio de Sheila Cassidy cuando se encontraron en la Penitenciaría y tanto Patricio, como el Padre Whelan y Fernando Salas estaban engrillados de manos y pies; se sabe que se enfrentó a Pinochet; que desfiló revestido con alba hacia la catedral y que salvó a mucha gente. Otras son anécdotas pintorescas, decía por ejemplo, que para él el cáncer y la cárcel eran una buena carta de presentación con las agencias de financiamiento o cuando se dio cuenta que le estaba dando órdenes al gendarme a cargo de custodiarlo. Algún testimonio también habla de no conocer bien el “rol subversivo de Patricio”, pero que lo había tenido.

Su labor pastoral podría aparecer velada en medio de tanto trabajo educativo y de sus actuaciones públicas, siendo un hombre de tanto mundo. Sin embargo, cada uno de sus gestos y acciones hablan de una pedagogía humanizante. Acercaba a la trascendencia y hurgaba en la espiritualidad de las personas hasta despertar y hacer aflorar lo mejor de ellas. No era necesario ser muy agudo para percibir su inspiración divina. La gente que lo conoció en Cerro Navia, Pudahuel y La Chimba, lo recuerdan como un Pastor que cuidaba desde muy cerca a sus feligreses, tanto en los aspectos materiales como enseñándoles la Palabra en prédicas, retiros o conversaciones. Se sabe que era de oración profunda y se le reconoce como hombre de Dios.

A pesar de todo lo anterior, como cualquier persona, en él se daban luces y sombras. Debió enfrentar situaciones difíciles con los colaboradores que trabajaban con él y supo reconocer errores y aceptar la corrección de decisiones. Algunos testimonios también hablan de que era autoritario, barrero y estilo patrón de fundo. Debemos reconocer que era muy bueno para conseguir dinero para sus proyectos y tan buen administrador, al mismo tiempo. Por una parte, no valorizaba el dinero y esperaba que a los demás no les preocupara y, por otra, descansaba en la gente a cargo de la administración. Debido a esto, debió enfrentar un juicio laboral porque, de vuelta a la democracia, el CIDE no tuvo recursos para indemnizar a todas las personas que debieron despedirse. El CIDE, con Patricio como representante legal, perdió un juicio laboral y debió pagarles lo que correspondía. Esto aparece en el testimonio de una demandante que cuenta sin embargo cómo ella y Patricio dejaron atrás esta situación y lo recuerda con cariño.

Muchos hablan de la humildad de Patricio Cariola y cuentan anécdotas en que supo pedir perdón o reconocer sus errores. Aunque porfiaba, escuchaba y se quedaba pensando y algunas veces cambiaba de opinión con humildad. Sufría de pensar que podía haber herido o molestado a otra persona. Rápidamente trataba de disculparse y reparar su desatino. No era rencoroso y si alguien lo ofendía, se olvidaba o se hacía el desentendido. Creo que esta misma humildad hizo creer a algunos que no era un intelectual, cosa que él también decía de sí mismo Sin embargo, fue un hombre de grandes ideas y un gran pensador con una inteligencia especial para llevarlas a nivel práctico. Síntesis, siempre haciendo síntesis juntaba lo teórico con lo práctico. Se dice que era un “vendedor de ideas”, tanto así que lo tenían como consejero en instituciones de otros países. A las agencias de cooperación les pedía plata, pero también les daba ideas sobre el desarrollo social y educativo.

Revisando los recuerdos de la vida de Patricio, con el beneficio (y la pena) de la distancia, se puede decir que fue muchas cosas: cura jesuita, empresario, amigo, intelectual, financista, político, poblador, refinado y tantas otras… No faltan razones para que se le haya otorgado en 1999 el Premio Nacional de Educación y así lo demuestran los testimonios y entrevistas aquí presentadas.