Pastoral en Cerro Navia

Reunión en el Colegio y Parroquia Francisco Javier, Cerro Navia
9 de noviembre 2016
Participan: Chelita Valenzuela (73 años), Hermana Consuelo Sánchez (82 años), Delfia Pérez (79 años) y Verónica Salinas (52 años).
Conducen: Paco Alvarez y Josefina Rossetti
Transcripción: Encarnación Moll
Edición: Josefina Rossetti.


Delfia Pérez, Verónica Salinas, Chelita Valenzuela, Paco Alvarez


Hermana Consuelo, Delfia Pérez

Paco –
Al evocar el nombre de Patricio Cariola ¿qué recuerdan de él? ¿Cúales son los recuerdos y sentimientos que conservan de él?

Verónica- Bueno, para mí son dos visiones distintas. Yo lo conocí cuando era chica , cuando hice la Primera Comunión y fui con mis papás a inscribirme en la preparación, y era como un caballero tan alto, así como de piel, uno va comparando los curas, lo que a él lo identificaba era que cuando hacía la misa había que hacer grupos, después que leía la Biblia, las lecturas y todo nosotros teníamos que hablar, o sea el grupo, decir lo que pensábamos, sobre el evangelio, la fe y todo. Eso me llamaba la atención a mí.

Después del Golpe, la gente tenía miedo de comunicarse, la gente no se comunicaba, él hacía preguntas y la gente no hablaba. Entonces él empezó, después de la homilía, a hacer grupos, entonces ponía a una niña de catequesis, de las que trabajaban en la capilla, a cargo de un grupo, para que nos animara, pero ella no tenía derecho a hablar y después, las conclusiones las tenía que presentar una persona del grupo … claro, para que se fueran animando. A la gente le gustó y muchos hombres vinieron, porque había bolsas de trabajo. Entonces venían y ellos hablaban. Tenían que perder el miedo, explicarse, dar sus puntos de vista. Hay gente a la cual le caía mal el grupo, empezando por mi suegra, porque se alargaba mucho la misa, porque decían 10 minutos, todos primero hablaban de lo que había dicho el padre, después de las preguntas que hacía él , porque tenía una pizarra en la capilla Y todas las semanas distinta gente tenía que ir hablando, no podían hablar los mismos todas las semanas, para que todos se pudieran expresar, perdieran el miedo, para que dieran sus puntos de vista. Entonces él se preocupó mucho de esto y se preocupó también mucho de la ayuda fraterna. El, me acuerdo que cuando había no sé cuántos sacerdotes presos, él iba a decir misa a Capuchinos y después pasaba la bolsa y traía la plata para acá para la ayuda fraterna, para comprar alimentos para la gente que no tenía. Se preocupó de hacer bolsas de trabajo y la bolsa de hombres le resultó un poco, la bolsa de mujeres no. Y trajo unas maquinarias inmensas, que se colocaron en casa de la Oliva pero nadie quería trabajar en grupo, cada cual quería trabajar para uno. Entonces él después se llevó las máquinas a Maipú, donde estaban trabajando en grupo. Era un hombre muy preocupado, muy de piel, era muy amoroso, era una persona quien se le podía decir cualquier cosa, era un sacerdote muy preocupado de la gente, de cómo se sentía, de lo que le pasaba. El también llevaba los grupos de catequesis a retiro a Padre Hurtado y él se preocupaba de que los atendieran muy bien y él no cobraba nada, no sé de dónde se conseguía la plata porque allá nadie pagaba nada.

Chelita: Era bueno para pedir plata, a todo el mundo le pedía plata, al que pillaba volando bajo, le pedía porque no era para él.

Llevaba a matrimonios, que iban el viernes y volvían el domingo, se preocupaba de la locomoción y de que los atendieran bien, para que la gente hablara, para que la gente diera su punto de vista, que no tuvieran miedo de decir lo que pesaban o lo que les había pasado.

Paco – ¿Cómo empezó esto? ¿Cuándo empezó a venir para celebrar misa aquí?

Chelita : No sé cómo llegó a la misa aquí, eso no sé, vino después del Padre. Subercaseaux, Benjamín. Después de Benjamín apareció él un día domingo y empezó a venir todos los domingos, todos los domingos y cuando él iba de vacaciones o viajaba, porque viajaba mucho, nos dejaba otro sacerdote, el Padre Montes venía mucho y nosotros le decíamos que el P. Montes era bueno, entonces él decía “ no lo voy a mandar más” (risas). Era muy celoso. Quería que otros vinieran así de pasadita no más para que no se encariñaran con él

Y había otro que él mando, nosotros le decíamos “metralleta”, porque todo lo hacía muy rápido. Él hablaba no más, él decía todo, él hacía todo, no pedía opiniones ni nada, y estábamos todos acostumbrados con el P. Patricio que era calmado. Por eso le decían no mande al metralleta. Nosotros le pusimos de sobrenombre metralleta.

Yo siempre conversaba mucho con él, así más separadito. Y él me contaba por ejemplo su primera experiencia de cuando llegó acá, porque venía él de otro lugar muy así, medio cuadraíto ¿no? Entonces allá no saludaban con beso y acá, “todas las viejas me dan besos, entonces decía que de primera le costó mucho pero después ya pedía que lo besaran, se dejaba querer. Porque un día por ejemplo, habíamos varias mujeres ahí y le preguntamos cual era la preferida, y él dijo “es preferible tener hartas mujeres más que una” (risas). Se
cuidaba mucho, pero era bueno…

Se preocupaba de la formación de los jóvenes de aquí, traía a los seminaristas a darnos retiro aquí, una semana, pero eran puros jóvenes, venían los hijos de nosotros, chiquillos más jóvenes, para irlos preparando, decía hay que preparar a la gente, eso no puede quedarse así, con miedo de hablar, no expresar lo que sienten y además decía tienen que conocer al Señor. Porque a esta capilla después del Golpe llegó cualquier hombre porque antes éramos mujeres solo, éramos contaítas con los dedos de la mano, después vinieron los maridos.

Paco – El empezó a venir aquí ¿antes o después del Golpe? (cada participante recuerda un año distinto, 71, 73, 75)

Paco – ¿Estaba ya viniendo aquí cuando se lo llevaron preso?

Chelita– Sí, sí, Lo fuimos a ver a Capuchinos y él nos dijo “¿Me vinieron a ver o están ustedes aquí también?” Sí. Y él nos contaba cómo fue, por qué lo tomaron, a quién había ayudado, ayudó con otro (¿cómo se llamaba el obispo éste, que después se murió?), que hicieron todo para salvar a una persona., cómo los habían tratado.

Era una persona muy buena, muy creíble. Yo, puedo decir que a nosotros como familia nos ayudó mucho. No en el sentido que nos diera plata, pero a que creciéramos como personas. Por ejemplo, a mí me acuerdo que me dio una beca para que estudiara sexualidad. Cuando el CIDE estaba allá en Erasmo Escala, no en Almirante Barroso, y, bueno él me conversaba harto y yo siempre era palomilla. Un día me dijo: tú eres harto galla me dijo así. Y esa vez la hermana Antonia me dice ¿sabes qué? El Pato anda ofreciendo esos cursos de sexualidad y como tú trabajas con novios, era un seminario. y como que yo no quería porque apenas sabía leer y escribir y el padre sabía todo esto, toda mi situación, así que me dijo que fuera, yo subía la escalera y me quería devolver y él se dio cuenta de eso y él me esperó ahí, me esperó ahí a la subida y me tenía la carpeta. Yo le dije Padre en qué lío me metí y él me dijo ya pues, aquí voy a ver lo galla que eres, y me desafió. ¡Ah, ya! Bueno ya, ya estoy aquí y ahí yo aprendí todo. Y empecé digamos a crecer, a saber cosas y fui desarrollándome como persona y después todo lo compartía con mi marido. Entonces ese fue el inicio mío ahí en el CIDE y después me empezaron a llamar para que fuera un poco a opinar sobre los temas, porque empezaron a hacer estos temas en las poblaciones y ahí nació el Programa “Nos juntamos y…”. Fuimos al Sur, a tantas partes y él era un fanatinche de.ese programa, que duró muchos años, más de 20 años, hasta después que él murió. Yo fui a ver al Padre Pato y estaba súper mal, el día antes que muriera, estuve con él y me preguntó “¿ y los talleres cómo van?” y le dije Padre ¿sabe qué? ya me tienen aburrida, esto parece una peste (por la forma en que cunde). El me pidió que siguiera. Me dijo, ha sido lo mejor que han tenido las parejas en toda su vida, porque ahí no eran matrimonios sino que eran parejas no más, no importaba para los talleres que no estuvieran casados. Entonces me dijo “sigan no más trabajando en eso” y como cuatro años más estuvimos en eso y después lo último fue aquí en el colegio. Pero después igual la gente me llamaba para pedirme materiales porque como en todas las parroquias, capillas, quedaron los teléfonos de nosotros y la gente seguía trabajando y yo creo que hasta ahora todavía se usan esos materiales.

Nosotros como familia siempre éramos amigos de los curas. Nosotros lo invitábamos a la casa a tomar desayuno después de misa, iba a almorzar. Cuando murió su mamá, ese Año Nuevo dijo, “voy a pasarlo con ustedes”. Y primero estaba ahí como indeciso y la Pati le dijo ya “Padre, venga no más, no lo vamos a abrazar nosotros “(risas) porque estas eran pesadas con los curas, “Usted tranquilo nosotros no lo vamos a abrazar, así que venga a comer con nosotros, pase el Año Nuevo con nosotros. Siempre en estas fiestas él dormía en casa nuestra. Éramos pobres pero él no se fijaba en eso y era feliz con la gente de acá.

Yo tengo muchos, muchos recuerdos. Cuando estuvo enfermo no podía venir para acá, él me llamaba para ver si yo estaba haciendo mis cosas en la casa, me llamaba, decía que fuera, para puro preguntarme cosas de acá, para que le fuera a conversar y ahí estaba yo toda una mañana conversando, contándole, él me preguntaba cosas, porque se preocupaba de acá. También yo me enfermaba por culpa de él porque se le olvidaba que tenía que venir a casar a la gente. Una vez fue el acabose, no nos podíamos comunicar con él, lo llamaba y el matrimonio estaba acá y vueltas y vueltas y el Pato no aparecía, nunca apareció y ahí no sé cómo fue que se comunicaron con él, dijo que había un sacerdote pero no estaba autorizado para casar, porque hay algunos curas que no están autorizados para casar y él venía a decir misa aquí. Entonces dijo el padre, yo no los puedo casar, después se comunicaron con el Pato y él habló por teléfono con el cura, como que lo autorizó, pero ese matrimonio no quedó válido (risas). Después el domingo a la semana siguiente, me agarró a mí y a mi marido, me dijo vamos a la casa de los novios, vamos a ir a casarlos (risas). Y también una señora que iba a venir ahora, la hija de la señora Rosalba, también se le olvidó que tenía que venir a casarla, y así cuántas cosas…

Paco – ¿Se le olvidaba que tenía que venir a la misa?

Chelita. Hacía doler la guata y los nervios porque no llegaba, qué hacemos entonces, una liturgia, es porque hacía demasiadas cosas.

Paco – ¿Lo veían como un hombre muy ocupado, muy lleno de cosas?

Hermana Consuelo- Sí, lo vimos siempre muy preocupado, muy metido para su oración, yo tenía que tocar las campanas cuando empezaba la misa, él ya estaba en la capilla como preparando la misa, como que vivía la eucaristía, era un santo varón. Con nosotras las hermanas, nos tenía mucha confianza y nos trataba muy amorosamente, cualquier cosa que necesitaba nos lo decía con toda tranquilidad .Para nosotras al padre Cariola no se le podía tocar, con lo santo que era y al mismo tiempo sencillo. Recuerdo que andábamos preparando una procesión para un Viernes Santo y hacer un viacrucis por todo el barrio. Había llovido, había harto barro, se llenó de gente de esta población. Y él cargó con la cruz casi toda la procesión. Un poblador al verlo cansado, porque estaba cansado, empezó a ayudar peroél le dijo “solo este ratito”, y así fue. Porque como que él lo quería hacer todo pero sin obligar a los demás y si se metía por ejemplo en estas procesiones, la gente iba porque le tenía respeto, terminábamos cansados y porque encima estábamos pensando que si venían los pacos no nos dejarían caminar, fue como muy tirante pero al mismo tiempo muy piadoso, muy cercana de él y del Señor porque él se cargó la cruz que no era una cruz de paja sino que daba el ejemplo. Luego todos los años lo hacíamos y seguíamos haciendo el viacrucis del P. Cariola. Me acuerdo que un Domingo de Ramos, empezábamos la Semana Santa … y a mí me cargó con el incensario.. Era como sencillo, sencillo y no le importaba lo que dijeran, era así, especial. Disculpen, así con el P. Cariola. (Está afónica)

Paco – Verónica, dijiste antes que tenías dos imágenes de él ¿puedes explicar eso?

Verónica- Yo trabajé en el CIDE y ahí lo conocí pero no como jefe, lo veía así bien trabajólico, pero no es lo mismo que trabajar con él, no es lo mismo. Bueno yo admiro todo lo que hizo todo lo que en relación al CIDE, todo lo que lograron con Luis Brahm y todos los que estaban antes y después cuando fui secretaria de él, fue un año no más, en 1999, en Colegio San Luis. Le gustaba todo perfecto, si uno se equivocaba te retaba, entonces esa parte yo la sufrí. Yo estuve enferma, nunca supo que fue por culpa de él, pero él era así y además a uno le servía a pesar de todo lo estricto que era él, te ayudaba a aprender también, y él siempre me quiso a pesar de que siempre me retaba, y a todos los retaba, en el CIDE uno pasaba cerca de su oficina y yo escuchaba. Pero era su forma para lograr lo que él quería, que saliera todo perfecto, que lo que él quería fuera por ahí y uno lo entendiera. Antes de que fuera su secretaria, como estaba en Antofagasta, estuve recopilando las firmas para el premio que él recibió,

Paco – El Premio Nacional de Educación.

Verónica. Sí, entonces yo ahí andaba buscando las personas, me mandaron de Santiago una lista y yo los busqué. Y yo estuve cuando lo premiaron, igual fueron al colegio a sacarle fotos y todo eso. Pero yo lo admiraba ¿sabes por qué? porque él siempre estuvo enfermo. De repente él caminaba y yo pensaba que se iba a caer y no se caía, yo pensaba un día se va a caer y él nunca, nunca flaqueó hasta que ya no pudo más. Y él siempre, yo creo que hasta el último, pensó en algún proyecto, siempre estaba pensando en algo y es más, y relacionado con las personas, para él siempre fueron importantes y las personas que estaban a su lado siempre las valoró. Un día antes de morir estaba tan contento cuando … fui a verlo y me dijo, es una alegría, estoy tan contento, le dije ¿por qué?, porque me llamó el alcalde de La Chimba para decirme que me habían dado mediaguas, había mucha pobreza donde él decía misa y el Pato había conseguido muchas, muchas mediaguas. Y él se fue tan contento.

Hermana Consuelo- yo también fui a verlo, llegamos y dijeron no, no se puede entrar a verlo ¿de dónde vienen? entonces yo digo de Antofagasta, entonces dijeron ellos están autorizados para entrar, solamente los que venían de Antofagasta o de Cerro Navia y ahí estaba él, hablando siempre, preguntando cosas, cómo están las cosas, cómo sigue la gente, muy preocupado, un hombre de Dios, igual que su hermana, muy tranquilo. Una vez fuimos con la Chela, nos invitó a tomar onces un día domingo en Erasmo Escala, y fuimos, pero antes había invitado a unas señoras que tenían plata, ricas, llegamos y él nos dijo ya pasen, empezó a contar que había estado con distintas señoras de plata, (les pedía plata…) (risas). “ Por eso nos va a dar las sobras, ellas vinieron primero” le dijimos, él se sintió tan mal y “nosotros somos lo que botó la ola “dijo la Chela y él salió corriendo, estaba enfermo, subió por la escalera y llegó jadeando con una bandeja con cosas para servir y después no pudimos tomar nada porque se enfermó tanto, tanto, tanto, porque estaba operado y le dijo “ Chelita vaya para afuera usted” y me dice “ayúdame a acostarme”, ya no podía más, por bajar corriendo, pobre padre…

Chelita: yo conversaba harto con él, llegaba con unas cositas dulces para que se sirviera cuando él me llamaba para que fuera, bueno porque también era como incómodo uno llegar ahí, si él decía que fuera una, una iba porque había que ir a la pieza de él y no todo el mundo entraba al dormitorio. Un día me encontré con la Cecilia Castelblanco y yo le había llevado un kuchen al padre y yo le pregunté si le servía. No, no le sirvas nada el kuchen es para mí (risas). Yo conversaba mucho con él porque había cosas que él no aceptaba, por ejemplo, que las personas se separaran, para él era terrible eso. Me acuerdo que una señora de la población, yo nunca supe el nombre de la persona, era un día domingo, llegó a la casa enojado, enojado el padre, que no, que por qué, yo le dije “mire padre, usted no es casado, usted no sabe lo que pasa en un matrimonio”, y conversamos ese día y conversamos, conversamos y yo me tenía que ir a hacer almuerzo, no sé cómo mi marido no se enojaba, porque a él cuando se le ocurría, quería que conversaran con él. Conversábamos harto y como estábamos en los talleres, fue él a dar un charla, hicimos un encuentro nosotros con todos los talleres de aquí de la zona oeste, había gran cantidad de gente, todos los monitores, los juntamos y ahí él habló y dijo que no podía ni hablar, que él que era el que estaba en contra de esto había cambiado totalmente. y yo me reía sola …”Estuvo muy bien lo que usted habló le dije” (risas)

Paco – Ustedes han señalado ciertas características de Patricio. Que era sencillo, un hombre de Dios, respetuoso de las personas, preocupado por el crecimiento de cada uno. Pero que también en algún momento tenía mal genio que tenía su carácter.
¿ Qué cosas recuerdan al respecto?
– Sí, tenía su carácter
Paco- ¿Cómo lo ven eso? qué cosas recuerdan de…
Verónica– Yo le voy a confesar que aquí en la capilla nunca lo vi enojado, por eso yo hablaba con mi mamá y le decía que él como jefe era muy distinto, tenía dos caras distintas y entonces eso no me gustaba a mí, una cara de un lado y otra de otro, bueno pero después ya entendí uno era el sacerdote y otra parte es tu jefe, por lo tanto tú debes actuar distinto , y él también, pero él tenía harto genio, era muy autoritario.

Paco – … ¿Actuaba como pastor sintiéndose responsable de la comunidad?
Verónica: Él era mandón, patrón de fundo
Hermana Consuelo – Recuerdo que era Semana Santa, un día de Ramos, estaba con una señora, ya no me acuerdo de su nombre, pero era de nuestra parroquia, había un ayudante que llevaba los ramos para la bendición y él (Patricio)le dice que tiene que cambiarse y ponerse la túnica roja, ella iba con una blanca, pero se lo decía despacito para que nadie se enterara, pero se enteraba todo el mundo. Bueno, él tenía esas cosas de que no se enterara la gente, siempre con amabilidad. Siempre cuando iba a nuestra casa, no exigía, le gustaba mucho una tortilla francesa, “eso me vendría bien”, él era de buen comer, todavía no estaba enfermo, teníamos jamón serrano, a lo mejor pedía otra cosa, no jamón y con toda sencillez, no era tímido, nos trataba como religiosas pero al mismo tiempo como amigas, cualquier cosa que él pedía se la dábamos y él era sencillote, con una sencillez y delicadeza, era muy amable, como decimos en España era muy majo.

Chelita: Cuando estaba enfermo convaleciente fuimos al departamento de la la mamá. La mamá también era super amorosa, era tan humilde la señora, incluso aquí cuando venía a misa ella siempre se emocionaba, ella lloraba cuando venía a misa y la señora Cecilia, la hermana era igual. El hacía motivaciones de la lectura y la señora Cecilia decía yo no sé cómo ustedes saben tanto, yo no sé nada y la mamá era una señora muy sencilla Y el quería tanto a su madre, lo primero para él era su mamá. Cuando él llegaba lo primero era saludar a su mamá. Y cuando ella falleció nosotros fuimos todos al funeral en una micro. En ese tiempo estaban las micros esas Plaza Egaña Lourdes, toda destartalada.

Fuimos a la parroquia en San Ignacio, ahí la velaron a la señora, en Alonso Ovalle, fue el coro y tocaron y fue bien compartido, estaba el Padre John y participaron también los de acá en la misa, fue muy linda la misa. Bueno yo fui en otro vehículo, la micro ésa se fue para otro lado, se perdió. Pero fuimos al cementerio, había puros ricachones allá , pero fue bueno la gente acomodada ellos estuvieron del principio, toda la ceremonia para sepultar a la señora pero después se fueron yendo y quedamos todos los pobretones de acá, quedamos ahí cantándole a la señora y el padre en realidad no se movió hasta que nos fuimos nosotros.

Paco – ¿Estaban también sus hermanos Cecilia y Marcos?
Chelita: El hermano era distinto. Nunca vino para acá. Yo no lo conocía porque un día un sobrino mío se encontró con el hermano del P Pato y como es tan parecido mi sobrino le dijo disculpe usted es familiar, no es el P. Patricio usted? No, le dijo, yo soy el hermano, él es un santo, yo soy la oveja negra de la familia, le dijo. Pero la hermana, la señora Cecilia, ella ayudaba mucho también cuando andaba en Italia, mandaba remedios.

Paco – Era muy querendón de la familia
Chelita: Muy querendón, se dejaba querer, su mamá, su hermano, lo querían mucho. Recuerdo que una vez me dijo, allá en mi casa, no sé si fue en un matrimonio, a la Paty la casó y estaba el P. John, porque fueron dos sacerdotes y me dijo: “ oye, ven, donde hay un jesuita no puede haber dos” porque era muy celoso (risas) Yo lo entendí al tiro, así que nunca los juntaba ahí a todos porque generalmente iban los curitas a mi casa , yo los acojo siempre a todos, así que él era muy celoso, le gustaba que lo quisieran mucho. Él hablaba mucho de su papá, que su papá era ateo y él fue sacerdote y su mamá lo apoyó siempre y que al final cuando el caballero iba a morir estaba feliz de que él fuera cura y él no era creyente.

Paco – ¿Hablaba también del otro hermano, de Marcelito, al que él le decía siempre “mi hermanito”?

Paco – ¿Alguna vez le consultaron o informaron del premio que iba a recibir?¿Qué importancia podía tener este premio para él?

Hermana Consuelo: yo nunca lo leí, de lo que él tenía no me acuerdo, nosotras no fuimos(a la ceremonia de entrega) porque a las monjas no nos dejaban trajinar tanto. Echaba de menos al Padre Cariola. Lo recuerda todo el mundo. Se lo quiso mucho. No pudimos ir al premio.

Verónica: A mí me tocó recoger firmas allá en Antofagasta. No me acuerdo quién me llamó Él estaba postulando, yo tenía que recoger todas las firmas y ahí yo supe que era muy importante el premio, pero cómo se procede para que una persona gane el premio, porque así uno escucha, le dieron el premio a tal persona, uno ya conoce el proceso para llegar a ser premiado. Para mí fue muy bueno. Estaba muy contento. A mí lo que me gustaba de él es que hizo tantas cosas en el CIDE y cuando yo trabajé en el colegio era como que se enfermaba con lo que estaba haciendo porque quería mejorar siempre las cosas. Cuando llegó a ese colegio despidieron a muchos profesores porque veía que el trabajo que estaban haciendo no era bueno y llevaban muchos años y si no lo hacían bien tenían que irse, porque él quería que la educación mejorara, decía siempre que la educación debía ser de excelencia y así lo hizo allá en el colegio San Luis. Aprendí harto con él, a pesar de que lo sufrí, había que seguirle no más el pasito, más despacito no más porque él iba mucho más adelante que uno. Y estaba enfermo, me mandaba a la botica, la botica era la farmacia, ahí yo supe. Él quería a toda la gente con la que trabajaba, todo debía mejorar, la gente que hacía aseo, que no le gustaba les llamaba la atención y el colegio San Luis es muy grande, porque era toda una manzana y yo fui hace un tiempo atrás, lo fui a mirar al colegio y hay una sola parte que no me la abrieron, pero es muy grande este colegio. Y lo bueno de ese colegio, bueno yo sé que todos los colegios de los jesuitas son así, se le da la oportunidad a todos los niños que tienen buenas notas, yo trabajaba allá por lo tanto mis hijos también pudieron entrar a ese colegio. Era muy buen colegio.

Chelita- Lo otro que tenía era que la ropa que andaba trayendo puesta él la regalaba porque si alguien le decía que era bonita esa ropa, se la sacaba y se la daba. Un día llegó, había muerto un curita y era un poquito más bajo que él, parece que no le gustaba ponerse cosas nuevas, no encontró nada mejor que heredar su pantalón .Yo tenía harta confianza con él y le dije “Oiga padre, parece que se bañó con los pantalones puestos porque se le acortaron”, y él me dijo “espera que a la otra semana voy a traerlos para que me los arregles” y después trajo todos los pantalones para que les arreglara la basta porque él solo se heredó los pantalones del otro cura. Me dijo que era porque no tenía pantalones y se hizo cargo de los pantalones del otro cura.(risas)

Paco – Dices que ayudaba a mucha gente y en el CIDE no siempre sabíamos eso. De hecho una de las personas que trabajó en el CIDE con él, empezó a trabajar y no había proyecto para acoger a esa persona y él compartió durante un tiempo su sueldo con esa persona. Muchas cosas que no se saben.

Hermana Consuelo: Una vez lo pasó muy mal en un retiro. Llevó a los jóvenes de aquí al San Ignacio de El Bosque. Eran jóvenes de población, pobres, sin trabajo, poca educación, pero trataba de formarlos. Entramos por atrás, por la puerta de la casa del cuidador y la casa del cuidador era inmensa,(sorpresa ante la casa) y los chiquillos jóvenes no lo entendieron, después se fueron a meter por todo el colegio, y se sintieron mal los chiquillos y le dijeron al padre que cómo él podía vivir de esa manera y él se sintió mal y les explicó que con esa plata la congregación también se mantenía y que había que saber respetar los que tenían y que él estaba siempre ayudando, pero esa vez lo pasó muy mal el P. Patricio porque los chiquillos bien poco entendían y en la reflexión cuando hizo el retiro le decían muchas cosas que lo herían a él y no se daban cuenta los chiquillos que las realidades son muy diferentes y que el padre no tenía la culpa de eso.

Josefina – Para ir cerrando, ¿por qué hay que recordar a Patricio Cariola?¿Qué hizo él que pueda servir para el mundo de hoy?¿Vale la pena construir su biografía?

Delfia Pérez- Yo creo que, empezando por los sacerdotes. Él era un buen pastor, era un pastor preocupado de la gente, entonces eso se ha perdido muchas veces en los sacerdotes, entonces eso es importantísimo, que se vea cómo hoy día como debe ser un pastor, de qué manera se preocupaba teniendo él otra realidad, venía todos los domingos a estar en una realidad diferente y se sentía bien. Se hacía pobre con los que no tenían. Y después él siempre hablaba que se iba a almorzar con Felipe Cubillos, que era también un buen hombre Entonces yo creo que eso es lo importante, la biografía de un pastor, cómo se preocupó cuando nadie se preocupaba. En los años 73 adelante nadie se preocupaba de la gente, de formarla, de que se sintieran bien, de que se sintieran personas, de que fueran valiosas. Yo creo que eso es importante, ver cómo debe ser un pastor, cómo decía la Hna. Consuelo. Un hombre de Dios.

Verónica: Yo .comparto lo que han dicho, pero también es importante lo que él entregó. La parte profesional, que gracias a él cuántos nos beneficiamos con conocer cosas porque yo al CIDE llegué cuando ya estaba formado por lo tanto de ahí partió todo el trabajo y ahí estuvimos cuántos í, creciendo como personas y como profesionales y gracias a su visión, cuántas personas han trabajado en el Ministerio de Educación, que trabajaron y que fueron formadas por él Es muy importante que las dos cosas se recuerden, porque él tenía una visión tanto de la parte pastoral, que para él fue siempre muy importante, como de la otra parte, del crecimiento en todo sentido. Ayudó a que gente que no conocía la realidad de acá lo hiciera y a que nosotros conociéramos allá también. Entonces yo creo que por eso es bueno que se sepa lo que él hizo, aunque hay mucha gente que lo sabe, pero que no se pierda, como lo que ustedes dicen que nosotros nos vamos a morir y ahí va a quedar, no puede ser. Para que vean la historia de él y las personas que trabajaron y lograron construir lo que él quería y cambiar un poco la educación que era su norte. Y yo creo que toda la gente que ha trabajado con él también ha tratado de hacer esto.

Delfia Pérez: También le hicieron a él un homenaje después de muerto l, en el Congreso. La Chela fue, yo tengo lo que dijeron de él ahí. De qué manera lo recordaron también ahí en el Congreso, también estaba Patricio Aylwin, estaba el General de Carabineros, estaban los Diputados.

Chelita: Nosotros llegamos temprano y nos sentamos en las bancas porque no había nadie cuando llegamos, después llegaron las autoridades. Y nosotros dijimos nos vamos a parar pero los que llegaban quedaron todos de pie, no hicieron esa diferencia, que vienen las autoridades. nada especial, fue un respeto con la gente. Nos sentimos como queridas, no se hizo esa diferencia. No.

Chelita: Yo fui al Congreso y cuando recibió el premio también tuve el gusto de estar con él, de compartir esos momentos felices de él.
Pero él todo lo quería para la gente, no para él, el pedía pero no era para él, era para los demás.

Lo que a mí una vez más me dolió, no de él sino de una persona de acá de la capilla , que dijo una cosa muy fea, que nosotras éramos mantenidas del cura porque el cura pasaba a la casa a tomar desayuno, a almorzar cuando quería o traía unos curas de fuera, una vez de Cuba, él nos decía, “podrías hacer un almuerzo a la chilena”, pero no me daba plata él, lo que teníamos lo compartíamos y esa persona dijo que nosotras éramos mantenidas. A veces el cura no tenía plata para irse en micro, “teníamos que pasarle plata porque nunca tenía plata, usted lo ponía patas arriba y no le caía ni una”

Delfia Pérez: si es verdad, una vez fuimos a Sto. Domingo con las hermanas en una camioneta, mi marido la manejó. Dijo el padre “no tiene bencina, puuucha ¿no tiene bencina?, yo tampoco tengo plata” y mi marido tuvo que ponerle bencina y pagar los peajes porque él no tenía nada.

Chelita: Un día yo estaba en el CIDE cuando iba a vender materiales, había un caballero estaba muy mal, era el marido de la señora Guillermina y dice que le va a ir a dar la extremaunción. Me dijo: “oye, espérame nos vamos juntos”, porque era la hora de salida a las seis de la tarde, “nos vamos juntos”, “ya”, le dije “yo le espero, pero antes de salir del CIDE revise si tiene plata porque yo no tengo (risas)” “ya, nos vamos a ir en metro”, ya le dije yo” en metro ahí yo podría pero yo no tengo plata para el taxi” (risas). Yo sabía que él nunca andaba con plata, “se creerá que yo le voy a pagar el taxi”. Así era.

Josefina ¿Estamos?,

Paco: sí.

Josefina – Queremos agradecerles esta reunión tan lida, cuando veníamos le dije a Paco que esta iba a ser la reunión más linda de este estudio, con más sentimiento.

Delfia Pérez: Recuerdo una Primera Comunión en que él estaba tan grave, tan grave, enfermo, nosotros decíamos Dios quiera que él alcance a consagrar y dar la comunión a las monjas y a los niños. Parecía que se iba a caer, toda la gente casi lloraba de verlo, pero alcanzó a terminar la misa y se fue al tiro a su casa, porque le daban unos ataques terribles.

Chelita: él vivió toda la enfermedad aquí.

Delfia Pérez: se iba a hacer tratamiento a Estados Unidos y llegaba mejor.
– Muchas gracias