Sacerdote jesuita, ordenado en 1968 Estudios de Teología y Sociología en Universidad de Lovaina, Bélgica (1965-1971) Provincial de la Compañía de Jesús (1978-1984) Rector Colegio San Ignacio en Santiago (1985-1991) Rector de la Universidad Alberto Hurtado (UAH), 1997-2015) Delegado del Provincial en el Área de Comunicaciones de la Provincia; Capellán Colegio Juanita de Los Andes y Padre Hurtado. Miembro del Consejo de la Revista Mensaje.

Entrevista al Padre Fernando Montes M. SJ (1938)
26 de septiembre de 2016
Entrevista: Josefina Rossetti
Transcripción: María Inés Soffia

JR:  Quisiera que me contarás algunas cosas acerca de quién eres tú, quién es el que va a hablar sobre Patricio.
FM:  Soy menor que Patricio. No lo conocí hasta bastante después de mi entrada la Compañía de Jesús, porque él estaba estudiando afuera. Como estudiante no me tocó vivir con él los primeros años de Jesuita, pero obviamente que, compartiendo la misma Compañía, recibía noticias de él y sabía quién era, y qué hacía.
JR:  ¿Cuántos años menor que él eres tú?
FM:  Unos 10 años. En el tiempo de nuestra formación sacerdotal, que normalmente se hacía fuera del país, diez años de diferencia creaba bastante distancia. Cuando volví de Europa terminados mis estudios me interioricé de su preocupación por la pedagogía. Conversamos muchas veces de lo que se hacía en el CIDE recientemente fundado. Más aun posteriormente, me incorporaron al Directorio del CIDE.
En Bélgica tuve oportunidad de conocer a estudiantes que habían sido enviados por Patricio para especializarse y que hablaban de él con mucho cariño y admiración. Con mucha clarividencia Patricio mandó a gente a sacar doctorados en Pedagogía para pensar seriamente el futuro del país. Por último, en 1978 fui nombrado Provincial es decir superior de los jesuitas en Chile y obviamente ahí se me dio la oportunidad de conocerlo más personalmente y la responsabilidad de apoyar su obra apostólica . En ese tiempo tuve la gracia también de conocer a su familia, a Marcos, a su hermana.
Yo no viví con él en la Comunidad del Bellarmino, pero claramente al haber sido su Superior lo conocí más a fondo, conocí sus preocupaciones, pude apoyarlo en sus proyectos.
JR:  La principal relación tuya fue estar en el CIDE y ser su Superior en la Compañía de Jesús. ¿Qué aspectos de la vida de Patricio, desde el punto de vista social o político, consideras que es importante que conozcamos y recordemos y sobre los cuales hay que dejar un testimonio?
FM:  Aunque su apellido venía de Italia, Patricio era de formación inglesa, gringo, un hombre muy correcto, con control de sí mismo, y muy educado. Eso era para mí muy singular.
Encontré notable su preocupación por la educación en un momento en que era urgente hacer un cambio radical en Chile. Necesitábamos una visión más amplia, que en Chile nos hacía mucha, mucha falta. Además el Padre Cariola estuvo en los inicios de la FIDE permitiendo que los actores educativos se reuniesen y no actuasen aisladamente. Tengo la impresión que el hecho de vivir en el Centro Bellarmino donde compartía con personas de extraordinarios talentos como Hernán Larraín, Roger Vekemans, Arturo Gaete, Renato Poblete, Mario Zañartu, Piere Bigo y otros ,ejerció una poderosa influencia en su capacidad de reflexión, investigación y organización y al mismo tiempo le permitió tener una gran influencia en el mundo intelectual. El Bellarmino era un Centro donde, en ese tiempo, como en muy pocos lugares, se pensaba en los problemas y en el futuro de Chile.Patricio no era él mismo, primariamente, un investigador pero fue muy potenciado por el lugar donde vivía.
JR:  De lo que tú conoces de la obra de Patricio ¿qué crees que es lo que tenemos recodar y es lo más importante de recordar?
FM:  Hay varias cosas para recordar como las que he dicho más arriba. Primero su aporte a la educación chilena. A mi modo de ver, aunque las investigaciones y publicaciones de CIDE son importantes, lo más visionario fue el haber capacitado a personas, y darse cuenta de la necesidad de tener gente en Chile que estuviera bien formadas en educación, el tener doctorados, el haber conseguido becas y fondos para ese fin.
Hoy en día eso nos parece obvio. Hoy se habla de doctorados, se habla de magister pero hace 30 o 40 años eso no era así, a nadie se le ocurría. No había doctores como hay hoy, no había esa perentoria necesidad de formarlos, por eso encuentro que Patricio es doblemente benemérito, porque sin ser él tampoco un doctor se dio cuenta de lo importante que era formar bien a la gente. Tuvo una gran visión de futuro en eso.
La gente que él formó ha jugado en Chile y sigue jugando hoy día un rol primario en lo mejor que se ha hecho en la educación.
Me parecen también muy significativos los contactos internacionales que estableció Patricio pues era imposible un verdadero cambio si seguíamos arrinconados en Chile. Su obra dio frutos en toda Latinoamérica. Además eso le permitió generar recursos para la creación y mantenimiento del CIDE que tuvo no pocos problemas económicos.
Finalmente no puedo dejar de recordar emocionado todo lo que hizo después del golpe militar. Él fue muy importante para la creación del Comité de Cooperación para la Paz , colaborando con el Cardenal Silva Henríquez. Hizo un trabajo silencioso pero de mucha importancia. No hay que olvidar que él estuvo detenido en la cárcel por su preocupación por los derechos humanos. Personalmente, como su superior, debí intervenir en esa difícil situación y conocer ese aspecto de su trabajo sacerdotal.
JR:  ¿De su manera ser qué recuerdas, tanto de aspectos positivos como también negativos?
FM:  Primero era una persona muy controlada, pero de carácter firme. Tenía su genio Era muy buen compañero. Yo no viví en la misma comunidad pero puedo decir que conmigo fue siempre muy respetuoso y amigable. Ciertamente era una persona muy educada y afable. Me llamaba la atención su amor a la naturaleza y su gusto por subir cerros.
JR:  ¿Hablabas sin dificultad con él?
FM:  Yo hablaba sin dificultad con él, aunque nos separaban algunos años. Cuando fui su Superior, me tenía confianza y yo le tenía gran confianza a él. Nunca tuve problemas con él, para nada, todo lo contrario.
En algún momento tuvimos razonables discusiones en torno a la fundación de INFOCAP que es un instituto de formación y capacitación para gente que había sido excluida de los sistemas educativos. El CIDE fue pionero de la Educación Popular inspirada en Paulo Freire. Como centro de investigación tenían numerosos grupos repartidos por el país. Yo consideraba que ese trabajo era muy importante, que era una semilla, pero finalmente pensaba que debíamos enfrentar la creación de instituciones mayores si se quería hacer una reforma significativa. Al principio nos costó ponernos de acuerdo pero al final Patricio aceptó esta visión más institucional y sistémica. Si uno quiere hacer cosas que verdaderamente tengan influjo y permanezcan en el tiempo tiene que haber una Educación Popular que sea capaz de extenderse a grandes masas y los pequeños grupos inspirados en Freire fueron geniales para perfeccionar la pedagogía que se debe usar pero era necesario dar un paso más. Como decía, al principio teníamos algunas diferencias pero al final estábamos muy de acuerdo y él en sus últimos años fue un brillante Rector de colegio en Antofagasta. Fuera de eso apoyó la creación de la universidad Alberto Hurtado
JR:  ¿Y podían discutir abiertamente, sin enojos?
FM:  Clarísimamente. Claro, sin enojos. Ciertamente hablaba con él con la sensación de que yo tenía una cierta intuición, pero que él sabía de educación infinitamente más que yo. Yo actuaba como sociólogo, o sea mi mirada era la del cambio de la estructura de la sociedad. Sin embargo porque él trabajó preparando mucha gente, en el fondo tuvo un peso sobre las estructuras muy fuerte.
JR:  ¿Había algo que no te gustaba de Patricio o que habrías criticado en él?
FM:  Lo encontraba una persona muy agradable, que cumplía muy sabiamente su rol. Supo situarse en un nivel práctico haciendo posible que otros investigaran. Me parece que es una muestra de humildad en cierta manera. Creo que probablemente fue altamente apoyado por el ambiente que había en su casa (Centro Bellarmino) que tenía una gran influencia, porque ahí se pensaba en profundidad la situación de Chile y Latinoamérica. Si no hubiera vivido en esa comunidad tal vez podría haberse limitado a un colegio y su administración perdiendo la visión del país.
JR:  Toda la gente que él formó en el CIDE después pasó al Gobierno, cuando volvió la democracia y tuvo un puesto muy importante en el Ministerio de Educación y en otras partes. ¿Ves ahí algo de la influencia de Patricio?
FM:  Pero obvio, es parte de lo que digo. Patricio es de las personas que más ha influenciado la educación chilena. Con mucha razón se le otorgó el Premio Nacional de Educación. El Padre Hurtado fue Doctor en Educación, tuvo un influjo enorme en el país pero en el orden de la educación no tiene el peso que logró Patricio. Fue muy importante en el momento en que Chile tenía que dar un salto cualitativo en educación, y sigue actuando a través de otra gente.
JR:  Inclusive a través de la Universidad Alberto Hurtado.
FM:  Claro. Para esta universidad la educación es una de las dimensiones esenciales. Al integrar al CIDE introdujo en su ADN la dimensión educativa. La experiencia acumulada en la investigación y en la Educación Popular ha sido esencial para la creación de la Facultad de Pedagogía. Nos ayudó a tener un especial interés en la equidad educativa y en la importancia creciente de la educación en los medios más populares.
JR:  ¿Cómo sacerdote, qué dirías de su relación con la trascendencia, con la pastoral?
Me parecía un hombre muy profundo espiritualmente y era un hombre de oración y para él los ejercicios de San Ignacio eran muy importantes. Él hablaba siempre con mucho cariño e interés de una comunidad de base que atendía