Jesuita. Compañero de estudios del P. Cariola. Doctor en Teología en Munich, Alemania. Profesor del ramo en la Universidad Católica. Decano de la Facultad de Teología. Provincial de la Compañía de Jesús (1972-1978). Asesor de CVX. Capellán dominical en la capilla de El Barrero y en la capilla del colegio San Luis Beltrán en Pudahuel. Misión mapuche de Tirúa. Instructor de Tercera Probación en Calera de Tango. Da Ejercicios Espirituales. Colabora en el Centro de Espiritualidad Ignaciana (CEI). Escritor. Publicación más reciente: “Gloria a Dios. La gloria en el pensar la fe” (2015).

Entrevista al Padre Juan Ochagavía SJ  (1928)
14 de septiembre 2016
Entrevista: Josefina Rossetti
Transcripción: Gloria Beltrán.

Josefina Rossetti:
Lo primero que quiero preguntarle es un poco de usted, que me cuente quién es para saber quién es la persona que da el testimonio.  ¿Qué diría de usted mismo?

Padre Juan Ochagavía:
¿Qué diría de mí mismo?,  bueno, soy Juan Ochagavía, el cuarto de ocho hermanos, cuatro hombres y cuatro mujeres.  Mi padre era abogado pero trabajó siempre en lo agrícola y murió cuando éramos muy niños, a los 42 años.  Mi  madre fue una tradicional dueña de casa y murió muy anciana a los 97 años.  Estudié en el colegio San Ignacio. Terminado el colegio entré a los Jesuitas y ahí me encontré con Patricio Cariola que había ingresado un año antes.  Yo entré en julio del 1945 y Patricio había entrado en marzo del 1944.  Nos conocimos y nos hicimos amigos.  ¿Más datos sobre mí?

Josefina
¿Qué es lo más importante de usted?  ¿Cuál va hacer su legado o por qué cree usted que van a recordar a Juan Ochagavía?

Juan
Todos somos importantes, para Dios todos somos importantes y somos  queridos por El.  Que uno sea más importante que el otro, en definitiva no va a tener importancia

Josefina
Pero, usted ha escrito,  yo he visto cosas suyas…

Juan
Si he escrito.

Josefina
¿Cuál ha sido su principal preocupación en la vida?

Juan
¿Preocupación en la vida? Estar contento y ayudar a los demás.  Esa ha sido da mi preocupación.  Ahora cómo se ha ido concretando eso, no sé, bueno, a mí me interesaban los estudios.  Estudié, estudié bastante. Los superiores me dedicaron a formarme en teología.  Estudié teología en EEUU y después en Alemania, el doctorado.  Volví a Chile y enseñe teología por unos 20 años en la Facultad de Teología de la Universidad Católica.  Ahí ayudé en diversas cosas a los obispos. Me tocó participar en el Concilio como ayudante del Cardenal Silva.  Me ha tocado desempeñar diversos servicios en la Compañía, ser superior de los estudiantes jesuitas de teología, después provincial y maestro de novicios. En la universidad, me tocó ser decano de teología.  Pero todo eso no tiene mucha importancia. Lo más importante es que he estado con Cristo, sirviendo a Dios y ayudando a los demás.   Las demás cosas son detalles.

Josefina usted ya me contó que conoció a Patricio cuando entraron a los jesuitas…

Juan
Sí, yo entré a los jesuitas un año después de Patricio.  Patricio  ya era novicio de segundo año. Los novicios de segundo año eran sumamente respetables para nosotros, los que veníamos recién entrando.  O sea Patricio era una autoridad para mí.

Josefina A pesar de que apenas había una diferencia de un año…

Juan
Yo era mayor que él porque el cumplió 16 a los meses de entrar, o sea entró con15.  Yo entré salido del colegio, estaba en la universidad, tenía 17 años.

Josefina ¿Qué siente usted al comenzar a hablar de Patricio o al recordarlo?

Juan
Siento, bueno, un gran amigo, mucho cariño, mucha vida juntos: vida religiosa, estudios, paseos, subidas a la Cordillera.   Patricio me contaba largamente todos sus proyectos e ideas sobre el CIDE, lo que estaba haciendo y lo que no estaba haciendo.  Y yo lo escuchaba con mucho interés.

Si, esto fue y es Patricio para mí: un muy buen amigo, un hombre bueno, un jesuita bien de Dios.  Pasamos juntos las últimas vacaciones antes de su muerte. Estuvimos 10 días y nos acompañó su hermana Cecilia porque sabía que el fin estaba cerca  Fuimos a Los Maitenes, Molina, una casa allá en la pre cordillera.  Tengo muy buenos recuerdos de él, también de las discusiones entre nosotros,  porque él era afirmado en sus ideas y yo en las mías, entonces…

Josefina ¿Cuáles son los aspectos de la vida de Patricio que usted cree que es importante recordar, dejar un testimonio desde un punto de vista social, histórico?  ¿Qué aportó Patricio?

Juan
Para mí siempre en Patricio hay dos Patricios. El que viene de su mamá,  la señora Mimí, una mujer firme pero toda dulzura. Y don Carlos,  de origen genovés, trabajador, empeñoso, tenaz, esforzado, siempre para más, más, más.  Esos dos personajes estaban en Patricio, muchas veces bien ensamblados, otras veces en pugna uno con el otro.

Yo quisiera que se recordara los dos Patricios, no solamente el de la parte de la bondad heredada de su madre,  la señora Mimí, toda delicadeza, sino también el de la parte de don Carlos, el trabajador, el porfiado, el tenaz, el bueno para el lobby,  para conseguir cosas.  Creo que los dos Patricios son grandes.  No hay nada que sacarle a uno, en ventaja del otro.

Ahora, a nivel público y académico, lo que se va a recordar de Patricio es sin duda el Patricio de la educación, el de los colegios, del CIDE.  Pero nunca hemos de olvidar al otro, el que era todo ternura, el amante de los pobres, el de Cerro Navia en Santiago y La Chimba en Antofagasta. Yo estuve dos o tres años viviendo en Pudahuel y Patricio me fue a acompañar allá para que no estuviera solo.

Josefina ¿Ustedes estuvieron juntos allá?

Juan
Una época. El Provincial me mandó a Pudahuel. Su intención era después mandar a estudiantes no sacerdotes a vivir allá, para que tuvieran la experiencia de vivir en un sector de mucha pobreza.  Y fueron los estudiantes y Patricio me acompañó.

Yo quisiera que se recordaran esos dos Patricios: el bondadoso, el de las hondas amistades, el preocupado de los demás. Y el trabajador,  el porfiado, el testarudo porque era terriblemente testarudo.

Pero hay un tercer Patricio, que brotó de los otros dos. Me refiero al Patricio cercano y amante de los pobres. Ojalá que, al recordarlo, no se borre ninguno.

Josefina ¿Tres Patricios para recordar?

Juan
Si, el sensible parecido a su mamá; el luchador y esforzado, a imagen de su padre; y el cercano y amante de los pobres. Este tercer Patricio estuvo activo hasta el final de su vida. Lo vi en el hospital, ya casi muriéndose, con el teléfono en la mano consiguiendo una beca para un niño de Antofagasta.

Josefina
¿Dentro de sus aspectos negativos estaba su tozudez? ¿Tiene el recuerdo de alguna discusión fuerte?

Juan
Un botón de muestra. Cuándo subíamos cerros de repente discutíamos si el camino era por aquí o por allá.  No pocas veces cada uno tomaba un camino distinto. Era tozudo pero dentro de un nivel aceptable, no pesado, atendiendo a razones.

No he hablado del Patricio de la Vicaría de la Solidaridad.

Josefina
Cuénteme de eso…

Juan
Lo de la Vicaría fue importante.  Primero fue el Comité Por la Paz, antes de la Vicaría. Cuando vino el Golpe, a los pocos días surgió la idea, desde varias fuentes, de ayudar a los que eran perseguidos.  El Cardenal Silva,  yo era Provincial, me pidió que dedicara un jesuita a que lo representase en el consejo de este grupo.  El era miembro, pero no podía asistir a todas las reuniones, primero por una cuestión de tiempo y también por prudencia.  A veces es bueno no estar en todo, es bueno no saber todo, poder correrse. Pero sí quería estar informado de todo. Fue así como el Cardenal me pidió, que además del P. Fernando Salas que era gerente general, hubiese un jesuita que lo representara en la Vicaría, y ese fue Patricio.  Patricio lo tomó muy en serio e hizo muchas cosas por ayudar gente a asilarse en embajadas, muchas cosas. La función de estos dos jesuitas en la Vicaría fue muy importante. Se movían por todas partes ocultando gente, consiguiendo ayudas para financiar todo eso y buscar soluciones y pagar viajes aéreos a los que salían del país.

Josefina Incluso llegó a estar preso.  ¿Cómo fue eso cuando lo tomaron preso?

Juan
Eso fue por porfía mía.

Josefina ¿Por qué?

Juan
Había habido un tiroteo en Malloco entre gente del MIR y gente del ejército. Uno de  los miristas quedó herido y se fue a refugiar a un convento de monjas de la Avenida Matta y se estaba desangrando. Entonces había que hacer algo y las monjas llamaron a Patricio. Él fue con el P. Fernando Salas. Ya era de noche y buscaron a un médico. Después de unos días lo ayudaron a refugiarse en una embajada para salir del país.

Bueno, eso se supo. Se supo quienes habían participado en esta especie de red para sacarlo y ahí estaba Patricio, Fernando Salas y tres más: Gerardo Whelan  y Fermín Donoso, ambos de la congregación de la Santa Cruz, y Maroto, sacerdote  diocesano. Entonces cuando descubrieron la red empezaron a pedir por la radio que se presentaran ante la Fiscalía Militar.  Le dije a Patricio “tú y Fernando Salas se van a quedar en la casa de Alonso Ovalle y de ahí no salgan porque ahí estarán bien protegidos, hasta que yo haga gestiones para que los dejen libres”.  En efecto, se necesitaría todo un regimiento para registrar ese edificio.

Entre tanto yo pedí una audiencia con el General Pinochet. Con Sergio Valech, obispo auxiliar en ese tiempo, y con otro jesuita que venía de Roma,  fuimos los tres donde Pinochet. Yo llevaba dos cartas que decían que tanto Patricio como Salas no tenían por qué presentarse a la cárcel porque no habían hecho nada indebido. Habían cumplido su deber sacerdotal de ayudar a un herido a asilarse, cosa que no está prohibido por la ley.

Bueno, Pinochet me escuchó y me dijo que los sacara del país. Yo le dije que tenía órdenes de mi general, el Padre Arrupe, que nadie saliese del país a no ser que lo embarcaran por la fuerza en un barco o un avión.  Seguimos conversando y tres veces me dijo que los sacara del país y yo le dije que no.  Entonces, me dijo, van a ir a la cárcel.  Bueno, le respondí, tenemos jesuitas en la cárcel en China y en Checoslovaquia desde hace 40 años y que están haciendo mucho bien. Quedamos en que iban a la cárcel pero le dije que con una condición: que yo con otros compañeros jesuitas los lleváramos a la Fiscalía Militar. Le explique que la Fiscalía Militar era gente correcta, y no como otras instituciones, queriendo decir la DINA,  en las cuales  yo no tengo ninguna confianza y no quiero que lleguen allá. Pinochet me respondió: Si, por supuesto, por Fiscalía Militar.  Y fuimos a dejarlos a la Fiscalía Militar.

Josefina ¿Usted?

Juan
Yo y cinco jesuitas más, con Patricio y Fernando Salas. Íbamos caminando por la calle riéndonos hacia la Fiscalía, que estaba muy cerca.  Patricio y Fernando estaban de acuerdo en que era preferible ir a la cárcel, en vez de salir del país, porque si salían no sabían cuando iban a volver. Así fue como llegamos a la Fiscalía en la Plaza Bulnes, donde se les hizo un registro de las cosas que llevaban y los llevaron a la cárcel. Estuvieron dos días en la Penitenciaría y después los trasladaron a Capuchinos.

Yo estaba seguro que su estadía en la cárcel no sería larga. Lo que pasaba era que el hermano de Patricio, Marcos, era muy amigo del hijo del Ministro de Justicia de entonces, que era Schweitzer. Ambos eran colegas abogados. A instancias de Marcos, Schweitzer hijo se movió con Schweitzer padre para que no quedaran en la Penitenciaría sino que los pasaran a Capuchinos y ahí estuvieron todo el tiempo.

Yo sabía que ese Gobierno iba hacer una petición para sacarlos porque para el Gobierno era demasiado violento tener a estos sacerdotes, cinco en total porque a los otros tres luego los pescaron.  A la semana comenzaron los mensajes de parte del Gobierno, vía Schweitzer hijo, para arreglar el asunto, pero exigiendo que salieran del país.  Dos veces la misma cosa, pero yo siempre me negaba a esa condición.

Al final, el abogado que habíamos tomado, Agustín Figueroa, en contacto con el hijo del ministro de justicia, idearon una propuesta para arreglar el asunto. Consistía en escribir una declaración pública por parte de la Iglesia y otra paralela por parte del Gobierno, salvando cada cual su cara, y dejándolos salir libres. Nos juntamos con Figueroa a hacer esta tarea. La declaración del Gobierno la escribía yo y la de la Iglesia la escribía él y después las corregíamos: “tú no puedes hacer que el Gobierno diga esto así”,…”tú no puedes esperar que la Iglesia diga esto otro”.  Así estuvimos largo tiempo haciendo y corrigiendo borradores hasta que llegamos a un borrador que nos pareció podría ser aceptable para ambas instituciones. Entonces  fuimos donde el Cardenal Silva, a mostrarle lo hecho con la idea que el firmase la declaración de la Iglesia. Pero resulta que el cardenal se negó a firmar nada en paralelo con el Gobierno. No estaba dispuesto a someter a la Iglesia a un trato que le parecía injusto de parte del Gobierno, que no debería haber tomado prisionero a nadie.  Buscando una salida a este impasse, nos pareció que bastaba que firmara la “Iglesia de Santiago”, que en principio somos todos, mientras que la declaración del gobierno la firmaría “el Gobierno de Chile”.

La Iglesia de Santiago sin un nombre. Sin un nombre. Todos. Y salió publicada en El  Mercurio.  Y por las radios. Entonces liberaron a los cinco sacerdotes que estaban presos. Estuvieron poquito más de un mes, un mes y algunos días. Quedaron en total libertad y no hay datos de que los hayan seguido o vigilado.

Josefina ¿Y usted qué sentía teniendo a su amigo preso?
Cuando estuvieron ellos en la Penitenciaría tenía miedo de las brutalidades que suelen suceder entre los presos, pero estaba seguro que se las iban a arreglar. Pero cuando los pasaron a Capuchinos, eso era otra cosa. Era un lugar seguro,  iba todo el mundo a verlos,  a conversar,  se hablaba contra la dictadura, era el centro del copucheo, les llevaban regalos.  No era una cárcel de lujo porque el edificio era viejo, pero había mucha libertad.  Se soñaba hasta de que les iban a hacer una piscina.

Josefina Si, porque Patricio era muy deportista…

Juan
No, no era muy deportista, era malo para muchas cosas.  Tenis jugaba pero no jugaba bien.  Era medio desguañangado, descoordinado físicamente.  Era bueno para caminar por los cerros y para nadar, pero no era el tipo del deportista que sobresale.

Josefina Como un Pepe Aldunate, por ejemplo.  Creo que nadaba hasta los 90 años.

Si Pepe tenía una resistencia bárbara.

Josefina ¿Que diría usted de Patricio en su parte religiosa? Creo que usted es la persona que mejor puede hablar de ese tema. ¿Cómo fue sacerdote?

Juan
Fue un hombre muy marcado por la piedad familiar y devociones adquiridas en su niñez. Su padre era constructor de tranques en el Norte Chico, y durante épocas vivieron allá  en campamentos.  Ahí Patricio le tomó mucha devoción a la Virgen de Andacollo.  En el Colegio el Grange, protestante pero muy respetuoso y abierto a lo Católico, conoció a Chago Vivanco, mayor que él, de la Acción Católica, que lo marcó mucho. También conoció al Padre Hurtado, que alguna vez les fue a dar algún retiro al Grange.

Era un hombre de mucha fe y devoción. Se alimentaba de la Eucaristía y leía mucho la Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento.  Patricio era serio en dedicarle tiempo a la oración, tanto como estudiante y también como sacerdote.  Era un hombre de Dios. Rezaba bien, con mucha constancia y era un hombre devoto, con una devoción más bien sencilla. Con la formación jesuita de encontrar a Dios en todas las cosas, fue siempre creciendo en facilidad de encontrarlo en los demás, especialmente entre los más pobres, y en el trabajo.  Eso lo tenía en un grado bien alto.  Cuando fue Superior de Comunidad jesuita, por ejemplo del Bellarmino, se preocupaba de los arreglos de la capilla, que estuviera todo bien hecho, de que la comunidad se encontrará en reuniones espirituales, compartiendo semanalmente cosas personales.  Era un hombre bien de Dios.

Pero era un hombre activo, que encontraba a Dios sirviendo a otros. En su enfermedad, ese cáncer a la sangre que tuvo por tantos años, cuando estaba en la Clínica, no quería morirse porque decía que todavía tenía mucho que hacer. Yo le decía, “No seas tonto si se puede hacer mucho más desde el Cielo”. Me respondía, “Deja esas cuestiones del Cielo,  yo quiero hacer cosas aquí, porque tengo que conseguirle la beca a este cabro”.

A Patricio le gustaba hablar de Dios y predicaba muy bien, muy bien. Se preocupaba mucho de establecer contacto con los participantes de la comunidad, tanto en iglesias grandes como en capillas sencillas. Trasmitía su fe en Dios y a la gente los tocaba porque él la llevaba muy dentro. Quería a la Compañía de Jesús, la quería mucho, quería a los santos de la Compañía de Jesús, al Padre Hurtado le tenía mucha veneración.

Josefina ¿Conoció personalmente al padre Hurtado?

Juan
Si, antes de entrar en la Compañía de Jesus tuvo un retiro con el padre Hurtado. Luego  durante el noviciado y los años de la formación lo admiraba hasta que murió. Después su admiración siguió creciendo a lo largo del proceso de beatificación.

Esto es lo principal que recuerdo de Patricio, aunque no agota el tema ni la riqueza de nuestra amistad.